Un sábado en la vida de James Joyce

Platicando con Jorge Portilla, gran escritor y amigo, nos metimos en los entre telones de la obra y vida de James Joyce, autor al cual muchos escritores del mundo dicen deberse.

 

The Birth of Venus (Boticelli)

Platicando en el ya lejano 1994 con Jorge Portilla, gran escritor y amigo, nos metimos en los entre telones de la obra y vida de James Joyce, autor al cual muchos escritores del mundo dicen deberse. Jorge Portilla además de ser un gran escritor (seis novelas hay en su haber), es traductor y de formación católica, irreversible e incambiable, simple y sencillamente es católico, como lo ha sido toda su familia y su padre mismo. Me refiero a lo católico porque el personaje en cuestión: Joyce, estudió con los jesuitas y a los 16 años renunció a la iglesia romana, optando por una rebeldía literaria que solo podía sostenerse a través del silencio, exilio y astucia. Cosas todas que nuestro amigo Portilla desdeña, sobre todo cuando el interés particular en la lectura de Joyce es la negación que de Dios hace.

Bueno, recorriendo la vida de Joyce  recordamos que nació al sur de Dublín, en Rathgar, el 2 de febrero de 1882, y es quizá el más famoso artista irlandés que mantenía una independencia total del espíritu, tal como lo señala el cartel del museo Cultural Center que lleva su nombre, en Dublín, inaugurado a mediados de 1994. Abandonó físicamente su natal Dublín en 1904, después de haber conocido y declararle su amor a Nora Barnacle el 16 de junio (camarera del hotel Finn) se fue a vivir a Trieste (puerto del imperio Austro-Húngaro) donde se mantuvo de su título University College dando clases de inglés en Berlitz, y en su tiempo libre convivió con borrachos que lo mantuvieran pobre pero con sueños para avanzar en sus ambiciones como escritor.

LA VIDA DE JOYCE

Joyce no fue un escritor visual, porque no crea caracteres visibles, aunque se les oiga con bastante vivacidad. Su lenguaje danza, enloquece o es asustadizamente exacto en una forma apenas conocida con anterioridad, pero el lenguaje sirve al tema no así mismo. En él todo es hablado, no hay prosa textual, son voces que combinan cuyo ejemplo es Finnegans Wake. En su parodia, la aventura grotesca adquiere una forma visual, simbólica y moderna. Entre la roca de Aristóteles y el remolino de Platón hay muchos paralelos, pero también muy satisfactorios.

Su narración está alejada de los de altos vuelos literarios sublimes o poéticos, es prosa de cotidianidad, las discusiones son muy vulgares. Son de cantina, se hable de las mujeres, de los judíos, todos ellos son temas muy reiterados, sobre todo en el Ulises. La escritura es una cosa más importante que dios, e inclusive la figura femenina misma, a la cual percibe como una diosa. El problema de dios lo plantea más palpablemente en el Retrato de un Artista Adolescente. El veía el pensamiento y la emancipación moral personificada en Enrique Ibsen, cuyo danés noruego dominaba lo suficiente para escribir una carta adulatoria al gran hombre. Joyce se convirtió en el ideal políglota europeo, aprendió francés, italiano, alemán, pero nunca habló erse (lengua irlandesa).

Joyce, fue un hombre con suerte en el ramo femenino. Eso empieza en Dublín en 1904 cuando conoce a Nora, con quien vive, al decir de la iglesia y Jorge Portilla: en pecado hasta 1931, cuando se casa en Londres por razones de herencia, más que por sus hijos Georgio y Lucía. Posteriormente en Zurich, en 1915, conoció a Edith McCormick, dama estadounidense fabulosamente rica que lo apoyó; lo descubre también Ezra Pound, Harriet Shaw Weaver, inglesa, cuáquera propietaria del Egoísta (donde se publicó el Retrato de un artista adolescente), la cual se convierte para siempre en el soporte financiero de Joyce y lo ayuda para que escriba Finnegans Wake.

En París por su parte, durante su exilio, conoció a Sylvia Beach, joven soltera, norteamericana, que en noviembre de 1919 fundó la librería Shakespeare an Company, a las orillas del Sena y donde fue presentado por primera vez el Ulises. Las enfermedades tanto de él como de su hija Lucía lo acompañaron en la parte final de su vida. La vista de Joyce fue en deterioro progresivo, requirió de múltiples operaciones que al parecer le hicieron poco bien, pues Finnegans Wake lo escribió en un gran pizarrón. Lucía desarrolló una esquizofrenia incurable, lo que todo el mundo llamaría locura, Joyce lo percibía como un talento no distante del suyo: la capacidad de avanzar más allá del sentido común y de la lógica, hacia el mundo de las nuevas verdades.

En París la guerra llegó, los nazis entraron y él se mudó con su familia de nueva cuenta a Zurich, donde en 1941 murió a la edad de 59 años debido a una operación por ruptura de una úlcera estomacal. Está enterrado en Zurich, su tumba obra con el monumento escultural de Milton Hebald.

LA OBRA DE JOYCE

Joyce en su obra describe su natal Dublín, la vida de sus habitantes. Si bien físicamente abandonó su pueblo natal para vivir en Zurich, París y luego otra vez en Zurich, donde finalmente murió, siempre en pensamiento y obra estuvo en su natal Dublín. De ahí pues los Dublinenses, publicado en 1914, el cual está considerado como el cierre admirable del siglo diecinueve. Es una serie de quince cuentos entrelazados, son una parábola del destino humano, desde la infancia hasta la muerte, donde no existe la tragedia, sino el egoísmo, la desgracia, la indiferencia y la crueldad. En la introducción de cada cuento en pocas líneas se relata el inicio y el final, pero ello no desalienta su lectura.

El Ulises, Por su parte, no obstante que se publica por primera ocasión en 1922, este se inicia en Trieste en 1904 y continua en Zurich, donde en 1915 se muda. Aunque la historia empieza el 16 de junio cuando conoce, se declara a Nora Barnarcle, su inicio real tal vez sea el 17 de junio de ese mismo año. De este libro existen tres traducciones al español, dos hechos en España y uno en Argentina.

Es la primera novela del siglo veinte. Es una historia teológica y difícil. Es la suma de todos los géneros y todos los estilos que recogen la tradición del diálogo de Zolá, y que en otro nivel simbólico se vuelve la representación alegórica del paso por la tierra de cada uno de nosotros, en cuyos episodios se encierran pasajes de la odisea de Homero. Su virtud es llegar al realismo hasta sus últimas consecuencias, lo cual le permitió a la Literatura tener una ocupación verbal de la realidad. Es una obra basada en el libro Los Fenicios y La Odisea, de Víctor Berard, francés, filólogo, arqueólogo, fotógrafo, rico y marinero que a principios de siglo en su yate decidió hacer la ruta de regreso a Troya de La Odisea, para demostrar su tesis de que los fenicios habían hecho la odisea.

En el Ulises de Joyce se exalta en comicidad al hombre común de siglo veinte, judío típico, especialista en opresión, alineación y ciudadanía de exilio, cuya Penelope sería una esposa hispano-irlandesa de Gibraltar en gran parte Nora Barnacle. El Ulises es el Dublín del 16 de junio de 1904. Se antepone desfantasmado, verificable en la mayoría de los detalles; con mapas y directorio. Empieza en la torre de Martello en la costa dublinense de Sandymount. El autor hace que el visitante entre al libro mismo y se incorpore en el curso de su elección. Entrar en Dublín, se penetra al Ulises y aún a Finnegans wake, es decir, se llega a la imaginación de Joyce.

Es un día en la vida de Leopold Bloom, su esposa Molly y Stephen Dedalus, este último protagonista también del retrato y de su borrador Stephen, El Héroe (1944). El 16 de junio de 1904, día dublinense o día Bloom, es cuando Joyce le declara su amor a Nora Barnacle, muchacha de Galway, es entonces la historia que cuenta en el Ulises. El tema es la actividad diurna de un señor que sale de su casa en la mañana y regresa por la noche y todo lo que pasa durante el día, es como el viaje del Ulises. El personaje tiene un directorio comercial de un agente viajero que es secreto o clave. El héroe secundario de Ulises, Telémaco, al Odiseo de Bloom es Stephen Dedalus, es decir, es Joyce a la edad de veintidós años. Detrás de la imagen del sucio, medio hambriento poeta, está  el amplio estudio del artista adolescente.

La impresión del libro en 1922, fue como un regalo de cuarenta años para Joyce, ello fue producto de la intervención de Sylvia Beach. El libro estuvo prohibido en E. U. A. hasta 1933, cuando el Juez John Woolseg, de la corte distrital de Nueva York declaró que había hecho algo vomitivo en el Ulises, pero nada obsceno. Con respecto al Retrato de un Artista Adolescente, éste es una autobiografía novelesca, fue empezado y abandonado en Dublín, pero resultó un fino fruto del exilio de Joyce en Trieste. Se ve a si mismo como orgulloso y solitario, pero no abandonaría a Irlanda como asilado viajero.

El título es irónico, es un libro de magistral colección, de una vista difusa que sorprendió a los primeros lectores con su realismo. Es Stephen con la real familia de Joyce, desde la niñez hasta la primera madurez, aunque en visión velada: excepto para el padre, el ocurrente réprobo borracho, cuyos hijos temía y odiaban y que solo Joyce amaba. El nombre de Stephen Dedalus está lleno de simbolismos. Fue el primer mártir, su homónimo debe estar preparado para el sufrimiento que depara la devoción al arte. Dedalus fue artífice fabuloso al servicio del rey Minos, que erigió la vaca de madera que impregnó a la reina Pacifaes, yaciendo fuera del laberinto que aprisionaba a su vástago medio divino hombre-toro, el Minotauro; y, finalmente, con su hijo Ícaro, desafió al cielo con alas artificiales. Stephen invoca a Dédalo como su padre y el mismo se vuelve Ícaro.

Es la exacta noción de la vida real, queda al servicio de un simbolismo que hace a la obra momento importante del modernismo literario. El alma del poeta está en peligro de convertirse en pez mientras pretende convertirse en pájaro.

Al igual que el retrato, bosquejo para la preparación de Ulises, existe la obra que le llevó dieciséis años en elaborar: Finnegas Wake, cuyo poema en prosa, antinarrativo, en donde con las ensoñaciones de un dublinense, se trata de resumir los sueños de la humanidad, es, al decir de Portilla, un libro intraducible colmado de juego políglota, con un estilo y en un lenguaje nuevo. Sin embargo es la narración de la actividad nocturna.

Finnegas Wake es la obra final de Joyce, al publicarse, a sus cincuenta años de edad, parecía ser el fin de su carrera literaria pues hablaba con vaguedad de escribir algo sencillo. Apareció en la primavera de 1939. La guerra advenia y el libro reflejaba una imagen de derrumbe universal. Lo había iniciado 16 años atrás en un gran pizarrón debido a su ceguera, y por primera vez apareció con el título “Trabajo en progreso”, publicado en Selecciones de Panfletos periodísticos.

La obra es un código de sueños que presenta una fórmula para restablecer el cosmos fuera del caos. Es una construcción pura de palabras con base en el inglés, pero utilizando aproximadamente sesenta lenguas diferentes (africanas, romances, nórdicas, orientales, artificiales, secretas, etc.) que combinadas producen un efecto misterioso. Es la lectura pura, el deleite de ver hasta donde es posible manipular las lenguas. Tiene que ver con el que habla. En Joyce todo es hablado, no hay prosa textual son voces que se combinan. El libro abunda sobre la muerte y la resurrección y el Dios irlandés Finn. El despertar del muerto Finnegan, el despertar de todos los muertos Finnegans, al final y al recomienzo (egan o de nuevo). Es un vasto y libre juego de palabras. Es el retrato de un sueño nocturno, como el Ulises es el de la atiborrada actividad diurna.Sin embargo no transmite influencia en nada ni en nadie. Es el fin, no hay mas allá literario, o cuando menos lo que se entiende por literatura en occidente.

A MANERA DE CONCLUSIÓN

Podría decirse que la obra de Joyce se desenvolvió en la época vanguardista de los años veinte, donde el nacionalismo que le antecedió había conducido a la catástrofe. El vanguardismo rebasó las fronteras y su denominador común fue la insurrección contra el racionalismo.

El mundo interior fue su experimento y aportación, sin embargo no es el único en ese género, ya Virginia Woolf lo había usado también y cada uno lo perfeccionó a su manera. Ambos transcribieron el fluir de la conciencia, la interminable conversación que todo ser humano sostiene consigo mismo, pensamientos y sentimientos sin aparente secuencia lógica ni organización narrativa. Es pues un intento de expresar lo indecible, escribir lo nunca antes escrito, acercarse a la vida como la perciben nuestras conciencias, conocer a los personajes como jamás llegamos a conocer a una persona viva.

El sexo y la perversidad también existe en Joyce, empero es un tema que también había tocado David Herber Lawrence, ambos en sus novelas otorgaron al sexo la impotencia y dimensión que tiene en la vida diaria.

Pero la obra de Joyce como la de Virginia Woolf y David Herber Lawrence no hubieran sido concebidas, en la narrativa del interior de cada uno de nosotros, sin el descenso de Freud al subconsciente, pues, tanto la obra de Joyce, como la de los otros autores, tienen la virtud de descubrir la realidad externa e interna de las personas y, esta última es la mayor aportación de James Joyce.