Orgasmo

El “Big Bang”, vaya nombre. Tal vez sólo un orgasmo y toda la historia cósmica, un lapso infinitesimal de éxtasis. ¿Y los amantes? Dos espejos que se propagan ad infinitum; sin rostro ni nombre. Por ende, cada cosa es dual, múltiple como el eco de en que la mujer mortal despide al abrirse. Allí mismo, entre la dualidad erecta de sus muslos, yace lo Uno primordial y esa otra unidad, aislada y solitaria que es el hombre mortal, anhela una verdad eternamente femenina.

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Official LogoEl “Big Bang”, vaya nombre. Tal vez sólo un orgasmo y toda la historia cósmica, un lapso infinitesimal de éxtasis. ¿Y los amantes? Dos espejos que se propagan ad infinitum; sin rostro ni nombre. Por ende, cada cosa es dual, múltiple como el eco de en que la mujer mortal despide al abrirse. Allí mismo, entre la dualidad erecta de sus muslos, yace lo Uno primordial y esa otra unidad, aislada y solitaria que es el hombre mortal, anhela una verdad eternamente femenina.

El orgasmo parte como el rayo y así brotan las cenizas de la hoguera. Se trata de los amantes despedidos como un eco hasta que el grito se apaga; desvanece en la distancia. ¿Y las galaxias? Las estrellas avanzan cual brazas, apartándose las unas de las otras e incrementando su separación. Tal es la fuerza del intenso grito o gemido. Somos las cenizas incandescentes de un orgasmo que ya es eco y se propaga en cada lecho vital cual vórtice de silencio. Lo mismo en cada nube estelar; en la implosión de lejanas estrellas; en la fecundidad de la tierra; en los ritmos celestes y telúricos. Y lo mismo, nosotros, cada “uno” somos ese grito, ese eco. La repetición incesante de lo mismo se sucede en cada mirada, en cada roce, en cada penetración. El presente es el eco diverso de un pasado en porvenir; eco del origen: Arché.

Así la unidad del pene esencia en el núcleo de la dualidad desnuda; lóbrego laberinto del instante o punto infinitesimal de una tensión que fisiona fusionando. Por lo tanto, la unidad del pene, esa unidad que es el hombre, sólo alcanza su esencia en el coito. Sólo ahí es dual, simétrico, sublime y fértil; femenino. Y sólo en el coito, la mujer alcanza su destino: la unidad difer-ente de lo bello. Así entonces, la “explosión” inicial se repite ensordecedoramente.

El espacio-tiempo es la boca dilatada del éxtasis; aperturidad.

Eros pan-démon; demonio de la totalidad; uni-verso.

Sólo entonces podemos preguntarnos por Chronos, el cruel Titán que a todo lo devora; aún a las estrellas; aún a la luz. Chronos es la fuerza mortal del agujero negro. La energía del espacio-tiempo y que no propiamente devora sino que despedaza. Como se sabe, si algo se precipita en su boca oscura, simplemente se le verá caer eternamente suspendido; pura eternidad carente de tiempo, pues ha alcanzado el tiempo mismo en su origen. Aquello que se patentiza es el límite y por ende, la eternidad; lo oscuro; la oscuridad. El Titán de la mitología no ha sido encadenado al Tártaro sino que Zeus erigió un cosmos excepcional. El planeta entero es un atuendo semi-transparente, a través del cual, es posible apreciar aún la desnudez originaria de las fuerzas primordiales. Incluso esta Tierra amada por Chronos alguna vez, es posible apreciarla todavía en su desnudez, a partir de la conjetura; desde la imaginación de tantas otras tierras.