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Orden y Caos

El orden es una manifestación del poder, se trata de la forma que emerge o se des-cubre, es en una palabra, “lo ente” que se afirma ante la totalidad bulliciosa y creativa; o dicho sea en otros términos, caótica. De esta manera, el orden, como formación y formatividad, emerge y se destruye. La tensión con el devenir incesante que hace a la forma simplemente Ser, hace tender a lo ente a su disolución; de esta manera, simplemente SER resulta simplemente Khaos, a la griega, esto es, “espacio”, vacío como diferencia y acto de la diferencia; o como lo escribía precisamente en “Khaos”, el vacío que todo lo llena. Por otro lado, ante dicho devenir que deviene en poiesis y diversidad, el concepto de lo “divino” supone los límites de la racionalidad ante lo implicado a todo orden como formatividad. Por consiguiente, el des-cubrimiento de estos límites suponen lo ente en tanto existente y que como tal, se enfrenta al horizonte de lo ente mismo; es decir, ante los límites de su misma creatividad.
Haciendo a un lado, por ahora, la explicación del vital concepto de “existencia”, diremos que “lo divino” trae consigo la theoría, es decir, la visión misma que en tanto existencia hace del mismo ente ”ser en” y “ser ante”; en otras palabras, Ser en los límites de la forma en que le es dada Ser y hacia fuera de ellos, lo que proyecta al ente hacia el abismo de la más absoluta posibilidad; en una palabra, hacia Khaos. La afirmatividad que esto supone implica una fuerza que no es común al ente que somos y menos todavía cuando sufre el debilitamiento común al monoteísmo de la conciencia. Desde este punto de vista, no hay forma de aceptar dicho monoteísmo salvo por el hecho de la proyección misma de esa racionalidad. El ensueño de la razón al percibir su singularidad le hace ocupar el lugar mismo de “lo divino” y verse a sí misma antes que una forma de ser de la poiesis como la poiesis misma. El orden de la razón pasa de esta manera a ocupar el lugar de Kosmos y con ello, a suprimir un vacío que arrebata la cordura mediante el sentimiento de angustia.
A su manera, Nietzsche concibió estos dos polos así como su enfrentamiento histórico, nombrándolos como Apolo y Dionysos; respectivamente, la unicidad del ente frente al sentimiento de su disolución. No obstante, aquí se prefiere exponer dicha dicotomía en términos del enfrentamiento entre lo celeste y lo telúrico; la forma y específicamente la forma existente consagrada en su aboluta estaticidad frente a la integral creación-destrucción de formas, que disuelve toda certeza dada al mundo y hace de este el resultado del poder como afirmatividad.
El orden es resultado de la afirmatividad de lo existente y en tanto tal, se supedita a los límites de la existencia. Lo que los entes revelan a la existencia no es otra cosa que su propio destino: la absoluta posibilidad de Ser y la disolución misma por mor de Ser.
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