Narrativa

La Narrativa, como creación que es, resulta un acto de confrontación: el enfrentamiento del sí mismo consigo; como la vida que es y su devenir existencia. De esta manera observamos una hoja blanca de papel o la pantalla vacía del procesador de textos; tal y cual son un espejo que nos refleja como la absoluta posibilidad de ser. Así la narrativa es una forma emergente de ese abismo, ese sí mismo que en tanto apertura, constituye a un ente desgarrado; arrojado fuera de sí y lo mismo sucede con la partitura del creador ante las teclas, las cuerdas o la superficie de la percusión; lo mismo que el escultor ante el bloque frío de mármol, la piedra o el carboncillo. Todos ellos acometen contra sí mismos como la superficie blanca, indeterminada, la más absoluta posibilidad de ser. Así podriamos seguir enunciando ejemplos, pero la idea básica se resume de esa manera y lo mismo podría estar escrito, incluso, en la otra ficha –aquella que reúne mi trabajo de ensayo. Lo cierto es que hay oportunidad para ahondar un poco más y lograr que ambos reúnan un esbozo de las específicas formas en que se reúne mi lucha, mi combate; mi propia singularidad como existencia yecta.

Esa idea básica pudiera verse reflejada mediante las semblanzas, me refiero a las formas escriturales que se pretenden ofrecer un perfil hasta cierto punto determinante sobre un autor. De esta manera y frente a la pregunta por el significado del arte –en un tiempo en que casi todo pareciera acogerse a dicha palabra, lo mismo que las pretensiones de verdad hacen lo propia frente a la ciencia–, la respuesta que ofrezco permanece constante: el arte es erótico y por lo tanto, tiene la capacidad de fecundar. Así entonces, cuando el tiempo de vida de un autor se detiene, ello mismo no sucede con su existencia que fluye evanescente cual nube de humo. El ente que fuera, deviene en una sombra pero en virtud de su obra, tiene la posibilidad de perpetuarse como un daimon; impulso fecundo, nunca idéntico a sí mismo y destinado a perpetuarse como ausencia en millardos de vidas; destinado a habitar el espacio y el tiempo como un sátiro hambriento capaz de inseminar a decenas, cientos o tal vez a millones. De esta manera, la propia vida del autor pasará como el esperma al suelo estéril o fecundo de la intimidad de los otros. Lo anterior nada tiene que ver con la denominada “consagración” o el éxito comercial de sus escritos. Lo mismo que la individual “presencia” de una persona, si ella es erótica habitará en quienes tengan contacto con ella y de esta manera, siempre alguien tendrá algo de otro o de otros; nunca los mismos, siempre distintos; como la vida que Es. Otra cosa, sin embargo, es el canto de las musas. Resuello capaz de trasladar esa sombra o ausencia a lo largo del tiempo; hambrienta cual súcubo o íncubo de generación en generación.

Greek Dancers by IFAESTOS

En este sentido, la diferencia primordial entre uno y otro radica en la confrontación. Todo creador amante de la Musa es un ente fecundo: copula y al mismo tiempo es profusamente fecundado; su necesidad, como necesidad existencial que es, lo presenta como un demonio o un endemoniado. La necesidad, en este sentido, termina por imponerse al mundo y su obra antes que pretender el “gusto”, la “adulación” o la “atracción”, responde a un profundo estímulo erótico donde se unen inexorablemente creación y destrucción. De esta manera, el trabajo creador comienza con la confrontación individual que establece el autor consigo mismo y cuyo resultado es la obra como lo existente de sí. Lo anterior, a su vez, implica la imposibilidad de confrontar el mundo. El mundo nace y termina con cada uno de los entes que somos. Las instituciones nos llenan la entraña, el gusto, lo mismo que el pasado y la tradición. Por ende, la confrontación con el mundo comienza con las propias estructuras que nos conforman en términos de estructuras de saber/poder. Ello, como la misma palabra lo dice, implica atentar contra la forma que nos es dada y al hacerlo, no hay más remedio que arrojarnos al abismo de la pura posibilidad. De esta manera se concluye: la existencia es pura posibilidad y el creador vive su éxtasis con el arrebato de las ménades.

Ahí está la definición que pretendo alcanzar y que he desarrollado a lo largo de mi trabajo en los últimos años. La diferencia entre quien sólo lee y acumula experiencias y conocimientos y quien escribe o crea desde su respectiva disciplina, consiste en la existencia misma que entra en jugo. Sólo el creador posee la fuerza que requiere el existir. Aquel que sólo se expone a la existencia exterior, confunde con esta última la propia; cura su necesidad de ser, dejándose ser en lo otro. Por lo tanto, el creador, conocido o no, con reconocimiento o sin él, se confronta con el vacío más íntimo, con el abismo más desgarrador que nos habita. El creador lucha con el mundo en tanto lucha consigo mismo, desgarrándose en paisajes y personajes, melodías y trazos disueltos en el lienzo de su propia carne. El creador sabe que la singularidad no le pertenece y que jamás le será propia. Al final, el ente que ahora es será una simple sombra y quizá, sólo tal vez, un daimon: el eco reverberante y siniestro que deja el grito de la existencia al derramarse sobre todas las cosas.

Proserpina et Hades

ESTILO E INFLUENCIAS

Influences: Post-modernism, Post-humanism, Chaos theory, Non-linear systems.

Main authors: Friederich Nietzsche, Martin Heidegger, Hans-Georg Gadamer, Michelle Foucault, Jacques Derridá.

Ancient World and Mithology: Walter F. Otto, Karl Kérenyi, Marcel Detienne, J.P. Vernant, Ruth Padel, James Hillman, Peter Kingsley, W.K.C. Guthrie.

ENTREVISTAS

El Retorno Griego de lo Divino – Experimento Radio – Radio UNAM

Pan y el Erotismo de la Tierra – Experimento Radio – Radio UNAM

Sorry, the comment form is closed at this time.