La Distancia Exacerbada

La inflación durante la primera quincena de noviembre y su acumulado anual del 6.18%, el más alto en los últimos nueve años, encabezaron los titulares de inicios del presente periodo. Lo anterior descarta toda consideración que pueda tildar de exagerada e incluso injustificada, la franca oposición a las acciones de la administración federal. Los mexicanos nos encontramos al punto de enfrentar la amenaza de una crisis sin precedentes en las últimas décadas de nuestra economía. ¿Cuánto más pueden aguantar las reservas mexicanas las presiones sobre el tipo de cambio y la caída de los mercados?

El gobierno de los Estados Unidos, mediante el rescate de Citigroup por 20 mil mdd y el anuncio de que se encuentra listo para intervenir más instituciones financieras si fuera necesario, logró un incremento del 50% en las acciones de este grupo y un correlativo impacto superior al 4 por ciento en los mercados de Wall Street y en la BMV. Sin embargo, el punto que más preocupa lo constituye el carácter temporal de la medida y la forma como la actual crisis enfrenta las capacidades del Estado. Queda sobre la mesa un debate que impone la globalidad sobre el futuro de ese Estado surgido de la modernidad, pero también, la concentración y centralización que el mercado impone a la globalidad. En otras palabras, la deuda de los últimos tiempos hacia el conjunto de la población mundial lo constituye la falta de análisis y alternativas ante el choque de fuerzas encontradas que representan, en términos generales, el factor doméstico frente al núcleo que rige la globalización.

En dicho contexto, la vulnerabilidad del Estado mexicano representa un factor de crisis sin precedentes. Las fortalezas macroeconómicas tan ensalzadas en las últimas décadas están por enfrentar su mayor prueba. El gobierno mexicano invirtió todos sus esfuerzos en replantear la figura del Estado del lado de las fuerzas económicas de tendencia globalizadora, sin tener en cuenta el valor relativo que conserva el conjunto de la sociedad para la figura tradicional del Estado. En otras palabras, ello significa que el privilegio de las medidas económicas tiende a segmentar dos tipos de población: una cualitativa y otra cuantitativa; la primera indispensable por su lugar en los centros económicos mundiales y la segunda, necesaria para la legitimidad de la administración en turno pero sin valor real hacia los primeros.

En tanto el valor demagógico de las elecciones “libres” exacerbó la distancia entre ambos polos de valor relativo, la reciente crisis descubre la confrontación subyacente. El conjunto de la sociedad puede ver ahora su valor real a escala global frente a las elites de poder encargadas de gobernar; tal y como lo denota el desangramiento de los recursos públicos a favor de los grupos financieros y en detrimento del desarrollo social. La disyuntiva en que nos coloca la crisis es entre un Estado que cede a la atracción de los núcleos económicos internacionales y un Estado que se sustenta y representa efectivamente el conjunto de la población que habita el territorio.

De esta manera no sólo han de entenderse las alternativas de derecha y de la izquierda respectivamente, sino el planteamiento que derive de cada uno en términos de lucha social y política. Así, lejos de la figura especulativa en que incurre la postura de “centro”, la primer lucha de la izquierda ha de tener como eje fundamental la redefinición de la figura del Estado y su consecuente núcleo de población involucrada. Por ahora, México en manos de la derecha se encuentra sujeto a la órbita de interés de los poderes globales y la tendencia al desgarramiento del tejido social doméstico. Ante ello, el 2009 será un año de definiciones.

(Artículo Editorial para La Fuerza del Sol, Diciembre 2008)

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