México ante el 2009

Hacer un balance de la función de gobierno en México para este 2008 que termina, implica ponderar una serie de variables que de suyo actúan en el conjunto de la economía y la política internacional. En primer lugar, cabe preguntar a los poderes en México: ¿a quiénes se gobierna? La representatividad de los poderes públicos a nivel internacional, por acción del mercado y las tendencias globalizadoras, hacen que el núcleo de la gobernabilidad se desplace de lo cuantitativo-social a lo cualitativo económico-financiero. En otras palabras, el poder político asienta su legitimidad en los organismos que cuentan con los recursos para sostener su poder. México es más que vulnerable a este proceso y por ende, el conjunto de las fuerzas políticas que lo gobiernan o aspiran a gobernarlo, lo hacen desde una específica correlación con los núcleos de capital que participan al interior y desde luego, al exterior del país.

En este sentido, el mismo desarrollo democrático del país cuenta una historia muy diferente a la que se difunde masivamente a través del discurso público; una historia  donde ese gran capital adquiere mayor relevancia y participación, antes que cualquier logro singular de las administraciones previas y una lucha social del pueblo de México. Los ritmos y modos del proceso democratizador, en gran medida, obedecieron a la correlación entre los imperativos de apertura comercial y los imperativos del Banco Mundical y el Fondo Monetario Internacional.
Igualmente, en la actualidad, cuenta con mayor peso la opinión de los Estados Unidos sobre México que la opinión de los propios mexicanos. Las acciones llevadas a cabo contra el candidato del PRD al gobierno del país durante 2006 son evidencia de la “elección” llevada a cabo por esos poderes, dentro y fuera de las fronteras de México, y la escaza participación de la “masa” en la elección de sus autoridades.
Por lo anterior, la correlación de las fuerzas con alcance globalizador, determinan en buena medida el curso de los procesos electorales. Como analizáramos años atrás en el libro intitulado “1994: la lucha de las voluntades políticas en México”, y como ahora lo hacemos en “El Mito del Águila y la Serpiente”, la evidencia de los rumbos de la gobernabilidad vía la apertura económica descubren que México, hasta la fecha, ha descartado la posibilidad de una reforma del Estado y en su lugar, ésta ha sido suplantada por reformas de caracter político-electoral. Ello representa un reacomodo de las fuerzas políticas internas y de un arreglo de las reglas del juego donde participan los núcleo de interés exterior. Por ende, en la actualidad tiene mayor importancia en México la influencia de estos núcleos externos que la opinión y la calidad de vida de millones de compatriotas.
A escala global, ello se describe mediante la siguiente frase: individuos con valor e individuos sin valor; organizaciones, incluso países, con valor o significativos para el curso mundial de la economía y organizaciones, regiones, países, sin importancia alguna –importancia, insistimos, en términos relativos al núcelo de valor sustantivo en que se asienta la gobernabilidad. Lo anterior se puede ilustrar con el siguiente ejemplo: imaginemos la reciente pérdida bancaria en los Estados Unidos y los miles de millones de dólares empleados para sostner el sistema financiero, recordemos con ello el efecto a nivel mundial y pensemos por un momento, qué sucedería si antes que la banca fuera todo el país el que desapareciera. A nadie resulta imposible pensar en el desmesurado oleaje que, cual tsunami, sacudiría todas las regiones del planeta. Por otra parte, pensemos en la misma desaparición de un país como Haití, por ejemplo; más allá de las condolencias o los sentimientos humanos involucrados, seguramente muchos sectores sociales a lo largo del mundo ni siquiera se enterarían. Esa es la diferencia entre los Estados donde se asientan las principales esferas de poder mundial y el factor de gobernabilidad que representan.
Por consiguiente, no es sorpresivo el hecho de que el país experimente fuertes sacudidas financieras de manera constante e independientemente de la figura o símbolo que lo gobierne. Ello denota la vulnerabilidad extrema a que está sometida la economía y que se debe al nivel de dependencia hacia esos núcleos de poder. El país, como muchos otros de Latinoamérica y el mundo, se encuentra presa de la concentración de poder de esos núcleos. Cualesquiera que sea los aspirantes al gobierno de México, su viabilidad, así como el éxito o fracaso de su gestión, estará más en función de su distancia relativa con esos núcleos y desde luego, en función de la volatilidad y las tensiones del mercado internacional. En otras palabras, si la adminitración fue exitosa o no, en el caso de México, deberíamos preguntarle a quienes efectivamente representan esos gobiernos, pues es un hecho que no se gobierna para la mayoría de los mexicanos ni mucho menos para el ideológicamente denominado “interés nacional”.

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