Esbozo sobre la encuesta del PRD

Resulta peculiar que un partido de izquierda y que se gesta mediante el registro del histórico PCM (luego PSUM), tenga una encuesta como “herramienta” para que su Comité determine al candidato que lo representará en los próximos comicios presidenciales. Resulta peculiar y más, puesto que el método consiste en sondear de manera abierta al candidato más popular. De lo anterior, surge la pregunta: ¿Y ese candidato qué representa?

Se trata de popularidad más que de representatividad y de una popularidad allende aún los miembros del partido. En otras palabras, se trata de popularidad ante la sociedad en general. Por lo tanto, lo que este candidato representa, será punto mas que una apuesta mercadológica; de hecho, tácitamente se trata de una capitulación ideológica y de principios; esto es,, pareciera que el PRD entrega al capricho de la popularidad su propia definición como fuerza política: “Cuál es la izquierda que la gente quiere y esa seré“, parecieran las palabras del partido del sol azteca. ¿Qué máscara vestiré en esta oportunidad para ganar el cetro del “rey de los tontos”?

La hegemonía del trabajo individual de los candidatos, por mejor que éste sea, nos habla, más que de una sóla vía fundamental, de una esterilidad para producir vías alternativas. La izquierda y la derecha políticas, si bien se distinguen, ahora tienden a converger de facto al interior de la gran matriz mercadológica de la democracia econométrica. El valor del mercado se ha impuesto a tal nivel que la adhesión se guía por sus principios y desmiente de fondo cualquier “proyecto alternativo de nación”. Quedan los discursos, los énfasis retóricos, el éxito social del fracaso de las políticas públicas, empero todo ello dentro de un mismo eje.

La denuncia es simple, se ha claudicato en la generación de ideas. La izquierda, una vez hundido su paradigma fundamental, se ha incorporado al mundo de la economía en vías de globalización como una especie de “humanismo depauperado”. Todo ello nos habla de que en realidad, la izquierda pasa a concebirse como una versión “humanista” de la economía de libre mercado y del mundo en vías de globalización y que tiene por centro al imperio norteamericano. Más allá de ello, no hay tal izquierda, el mundo bipolar no sólo ha perecido sino que sus resabios se van extinguiendo poco a poco. La uniformidad es el resultado de la con-formidad globalizadora.

¿Quién vestirá entonces, luego del 2012, el atuendo del rey de los tontos?

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