Proceso 2012 (1)

El candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la presidencia de México, Enrique Peña Nieto, no pudo tener una mejor terna para contender. Por un lado, la candidata del partido en el gobierno (Acción Nacional), se muestra débil y con un discurso carente de empatía. La candidata transmite una imagen gris y desangelada, más aún, su reciente desvanecimiento durante la campaña puede ser un signo de que el esfuerzo proscelitista ha menguado su vitralidad. Los rumores en torno a su estado físico se desmintieron por presuntos exámenes médicos, sin embargo, la apariencia extremadamente delgada que luce la candidata en su imagen de campaña no resultan la mejor herramienta a su favor.

Por otra parte, el candidato de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador, mantiene un discurso desenfocado de los logros de su administración y la sucedánea en el Distrito Federal. El éxito de la izquierda en la capital de la República no parecen importarle sino hablar en un tono carente de autoridad y decisión. López Obrador, en pos de dejar a un lado su radicalidad, ha perdido fuerza y concreción discursiva. Dejó de lado los pormenores de su tan anunciado “proyecto alternativo de nación” y en su lugar, se situo en torno a una retórica concilidora que lo rebasa en incertidumbre. ¿Quién es este López Obrador? Sin duda, un político que ha perdido su identidad y se encuentra en proceso de redefinición, lo que, sin embargo, no le resultará de beneficio para la actual contienda.

Frente a ambos, la campaña del aspirante del PRI lo hacer ver joven y con decisión, haciéndolo contrastar fuertemente con sus adversarios. Físicamente se destaca su energía y juventud, lo que se hace notar en la propaganda electoral por el énfasis en su recorrido por todo el país. Asimismo, en materia discursiva, Peña Nieto ha mejoró considerablemente frente al que fuera gobernador del Estado de México. El priísta hizo a un lado su otrora estilo fuertemente retórico y dio paso a una construcción mucho más directa y sencilla que le permite mejor comunicación. Sin duda, Peña Nieto destaca no sólo por ser la campaña mejor elaborada sino por el constraste que genera ante sus principales adversarios. De mantenerse lejos de cometer errores, la campaña luce con la consistencia suficiente como para mantenerlo en la cima de las candidaturas a la presidencia de México.

A lo anterior habría que ponderar, sin embargo, el efecto de la propaganda del Partido Acción Nacional, quien ahora y bajo el membrete de “las mentiras de Peña Nieto”, emprende un esquema de propaganda de descalificación. Una fórmula desvinculada de su candidata y que pretende emular los resultados que hace seis años le generara la campaña “un peligro para México”, en contra, también, del mejor sembrado en esa época, Andrés Manuel López Obrador. Semejante escenario  revela que, en el PAN, hay consciencia de que su candidata difícilmente logrará por sí sóla reducir el diferencial que la separa del aspirante del PRI.

Una pregunta que surge es, si con este esfuerzo, el electorado mexicano volverá a “comprar” las mentiras del Partido Acción Nacional.

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