Resultados y Consecuencias

El regreso del PRI a la presidencia de México. La capital se mantendrá con márgen histórico del lado de la izquierda. La amenaza de violencia del PRI y el resultado de nuestros propios sondeos.


Como anticipamos en este espacio, el resultado del proceso electoral resultó en un triunfo contundente e histórico de la izquierda en el Distrito Federal y una victoria del candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, entre  seis y ocho puntos porcentuales. Ello que hace que nuestra previsión sea una de las más exactas que circularon en torno y durante la jornada.

No obstante lo anterior, el PRD y más aún, el Partido Acción Nacional, pueden considerarse los grandes perdedores de la contienda. El país es gobernado principalmente por el partido que tardó 70 años en dejar el poder en México. Las nuevas generaciones, ajenas a la historia política del país lo han hecho posible, así como una campaña (la de Peña Nieto) construida con dos años de anticipación desde los emporios de la comunicación en México, principalmente Televisa. Ellos sembraron una recuperación que hace doce años se consideraba imposible y, para muchos grupos de opinión, tan improbable que llegó a hablarse de la muerte del PRI.

Pero también, la victoria del tricolor puede considerarse, en alguna medida, un fracaso de la oposición histórica en México; nos referimos al PAN y al PRD. Salvo en la Ciudad de México, el proyecto político de la izquierda ha fracasado por distintas pero igualmente contundentes razones y donde destacan los casos de: Tlaxcala, Zacatecas, Chiapas e incluso Tabasco. Aún el liderazgo construido desde la Ciudad de México por Andrés Manuel López Obrador fue despilfarrado vulgarmente hace seis años en Av. Reforma y el Zócalo de esa Capital por un plantón que a muchos les confirmó los ánimos autoritarios y anti-institucionales del líder de izquierda. Y es que, en política, no hay medias tintas: si el caso era rebelarse contra instituciones corrompidas, la lucha no puede ser de “escaparate”, de “montaje” de una escena juarista; ni mucho menos conformarse con la pantomima de un “gobierno legítimo” más falaz aún que las instituciones que deslegitima. ¿Alguien pidió cuentas claras de los recursos, sueldos y acciones que emprendía el susodicho gabinete? Éste solamente nació y se extinguió en el anonimato pero financiando un discurso radical que sólo sembró inestabilidad y escepticismo en los mexicanos.

Pero la comedia no terminó ahí, su sucesor en el gobierno y quien ahora deja al recién electo ex-procurador como nuevo Jefe de Gobierno de la capital con más del 60% del electorado de la Ciudad a su favor, fue un miembro destacado de los más altos círculos de poder en el México priísta-salinista: Marcelo Ebrard Casaubón. De este último, ahora se dice, hubiera sido una mejor elección que la de Andrés Manuel López Obrador en busca de la presidencia. Se trata, sin embargo, de una iniciativa promovida desde el PRI para sembrar el divisionismo en las filas de la izquierda. Iniciativa que, no obstante, logró reunir en unos cuantos días a más de 15 mil seguidores en las cuentas de Facebook con publicidad pagada para tal fin.

Y es que la acción se basa en hecho reales. Efectivamente, Ebrard tenía mejores atributos para competir por la presidencia que Andrés Manuel López Obrador. Una acción pragmática de una “izquierda unida” sin duda lo hubiera nombrado el candidato y sin embargo, el aún Jefe de Gobierno tuvo que ceder ante la férrea oposición o los caprichos de su antecesor.

El escenario era claro para Ebrard: ir a una contienda desde el PRD para enfrentarse a un déficit de casi 20 puntos frente al líder del PRI; a una candidatura del PAN anclada en el poder de la presidencia; y con Andrés Manuel López Obrador compitiendo por el PT y el Movimiento de Renovación Nacional (pues no obstante los resultados de la encuesta, es bien sabido que para éste, la democracia sólo es tal cuando le favorece). El resultado sería, muy probablemente, un desastre pondría en entredicho, incluso, la sucesión en el Distrito Federal. Un ex-operador político como Ebrard Casaubón, no tardó en darse cuenta del escenario y darle prioridad a esta última.

Más allá de todo ello, la “mejor carta de la izquierda” para este 2012, Marcelo Ebrard, resulta un ex-priísta y ex-salinista con visión de centro izquierda y no de un izquierdista tradicional; se trata, en otras palabras, de un priísta renovado y supo actuar eficazmente al posicionarse a sí mismo y conseguir en un triunfo histórico para la izquierda en la ciudad de México.

En su lugar, en cambio, López Obrador está obstinado en volver con la rebelión ante las instituciones y poner en duda al electo candidato del PRI. El resultado será, indiscutiblemente, hundirse todavía más en el fango del desprestigio y la desaprobación pública.

Por desgracia, tampoco el PAN resultó una opción viable para el país. La perdida de posiciones importantes en el norte y principalmente, en uno de sus bastiones históricos, Jalisco, así lo demuestran. El PAN hizo historia con la alternancia y sin embargo, ahora tiene que volver a entregar el poder en manos de quien originalmente lo recibió; mejor dicho, de aquel a quien legítimamente se lo arrebató hace doce años. Así termina el sueño de un México renovado y vuelven los “viejos tiempos” bajo nuevos rostros.

El PRI de Enrique Peña Nieto, no es, ni con mucho, el PRI de Carlos Salinas de Gortari. El priísmo renovado, como es el caso de Ebrard, marchó de las filas del Revolucionario Institucional luego de la caída del salinismo. Ya se olvida en el país que el ex-presidente Salinas se enfrentó a una “literalmente” sangrienta renovación de su partido, encabezando una lucha en contra del antiguo régimen corporativo y dando lugar a las ideas políticas y económicas que aún gobiernan a México.

La cercanía de estas ideas con el PAN hacen que, visto de cerca, México no haya optado plenamente por una alternancia sino, más bien y bajo un estándar de ideas, por una renovación de las familias políticas gobernantes –ya con el salinismo, el PRI-gobierno era muy distinto al partido de ideas nacionalistas revolucionarias. Antes bien, estas últimas, en tanto clase y cultura política, yacen en el núcleo del discurso de la izquierda tradicional, de la cual, López Obrador es representante. Es decir, culturalmente hablando, la izquierda tradicional está más ligada al PRI tradicional de lo que cree.

Por otra parte, en lo que hace a las antiguas mafias corporativas que se quedaron a la saga durante el salinismo, uno de los grupos más poderosos, el grupo Atlacomulco (famoso en esa época por figuras como Hank González y posteriormente, el gobernador Montiel, padrino político de Peña Nieto) resulta el origen del recién electo “nuevo PRI”. Esto es, una de las alas más retrógradas y corruptas de México ha ganado el proceso electoral 2012.

Las familias políticas del pasado entrecruzan los brazos de cara a un país que ha optado por elegir a lo peor de su historia. Al final, se puede decir que el pueblo tiene el gobierno que merece, pero es un hecho que, frente al electorado, la composición del poder no está tan claramente definida ni se divide con precisión en partidos sino en grupos que se aglutinan y se esparcen en torno a los núcleos y periodos de gobierno.

Al final, el electorado en México, su débil memoria y vulnerabilidad, hicieron posible una renovación de su pasado.

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