Periodismo y Poder (1)

Periodismo (Texto)

Jorge Ramos: el trabajo de un vocero de las mayorías, de los intereses político-económicos de una cadena informativa y sin duda, también, de la imagen de los Estados Unidos como el “país de la libertad” frente al resto de Latinoamérica.


En la entrevista de Jorge Ramos a Carmen Aristegui, esta última afirma que, si bien no hay documentos que lo demuestren, todo apunta a que la presidencia de la República ordenó su salida de MVS Noticias. En esta ocasión y no obstante a Carmen se la distingue por el alto nivel de sus fuentes e investigación, la también jurado del Premio Nacional de Periodismo cede a la conjetura. ¿Por qué? Aludiendo a sus propias palabras, hay un proceder característico del poder (político) en México.

A propósito, dejemos a lo político así, entre paréntesis. Y no sólo porque la política se conjuga con la economía y de ahí, con el periodismo, sino porque en tanto manifestaciones del poder, ambas presentan un modus operandi característico y no sólo de México sino de cada país, región y territorio. El poder es el entramado mismo de la historia y de él, todos participamos aunque de manera distinta.

Así entonces, conviene distinguir los intereses predominantes y la forma en la que éstos operan, por ejemplo, al interior de una investigación o frente a un clamor editorial. De ahí la pregunta, ¿qué impactos prosperan y por qué? Frente a Carmen Aristegui y sus investigaciones, se tiene a un Jorge Ramos interesado en “despeinar políticos”. Interés, ante todo, rentable y que le ha llevado a integrar la lista de los 50 políticos y comunicadores más destacados de los Estados Unidos según el semanario Newsweek; a ser considerado uno de los 25 hispanos más influyentes en ese país según la revista Time; y recientemente, uno de los 100 hombres más influyentes según la misma publicación.

Para Jorge, México no es un buen lugar para ejercer el periodismo, sin embargo, lo cierto es que tampoco resulta un país letal para el “anchor” de noticias o para los líderes de opinión. La violencia en México impacta según la región y el grado de vulnerabilidad social, ambas, condiciones distantes de los presentadores “mainstream”. En efecto, en el país mueren y han muerto muchos periodistas, líderes sociales y políticos, pero de la gran mayoría sólo se habla así, en colectivo. Para el sistema de poder, su “valor” recae en el número. Correlativamente y para el “mainstream”, unos pocos se valoran como individuos y la gran mayoría se aglutina en el porcentaje. La gran cifra deriva un impacto noticioso pero que mantiene a las causas, a los motivos y a los respectivos procesos legales en la oscuridad.

Otra cosa muy diferente es la “vida laboral” o la integridad profesional y que no sólo resulta, en realidad, el riesgo más frecuente sino el con mayor facilidad que cruza las fronteras internacionales. Así por ejemplo, se tiene el caso de censura a Rubén Luengas en Telemundo, luego de la entrevista que hiciera estallar a Vicente Fox al cuestionársele sobre sus propiedades; un presidente que, por cierto, pudo salvarse significativamente de la “despeinada” de Jorge y la razón es simplemente: Jorge no parece despeinar a todos por igual.

El primer acercamiento de Jorge Ramos con el panista Vicente Fox fue el 3 de julio del 2000, un día después de ganar las históricas elecciones con que terminaban los 71 años del PRI en el poder. Las palabras, en términos generales fueron de adulación. Ramos calificó a Fox como el “hombre de la alternancia” y con el que se daría un paso importante a una verdadera democracia en este país: “En esa ocasión me dijo que él quería crear en México un millón 350 empleos por año y crecer la economía al siete por ciento anual. Le llevé la cinta de video de esa declaración y, mientras la reproducía la grabadora, me dió la impresión que Fox regresaba a uno de los mejores momentos de su vida. Pero al apretar el STOP de la grabadora el sueño terminó”, escribió Jorge Ramos en su columna del periódico Reforma en el 2011.

Al presidente Fox nunca se lo cuestionó sobre sus propiedades en Guanajuato, ni sobre sus relaciones con otros políticos o padrinos poderosos, tal cómo lo hace actualmente con Enrique Peña Nieto. Frente a la administración del también panista Felipe Calderón Hinojosa, la situación fue similar. Las acciones del mandatario panista pasaron prácticamente inadvertidos para Jorge Ramosquien llegó a felicitarlo por la alternancia que se mantenía en México pues, en su opinión, el PRI había logrado mantener al país en una especie de dictadura similar a la de Cuba, Venezuela y otros países de América Latina donde no existe la libertad de expresión. Si bien al final de la administración de Calderón y ante el saldo de una “narcoguerra” que dejo en el norte del país más de 10 mil muertos en solo cuatro años, Jorge Ramos llamó a Calderón “el presidente de las muertes”, al mismo tiempo, reconoció al panista emprender una lucha que todos los presidentes priistas evitaron por más de 70 años.

Sobra decir que esa tolerancia de Jorge termina precisamente con el regreso del PRI al poder y a Enrique Peña Nieto, de facto, se le pide la renuncia como si extirpar un tumor acabara con el cáncer que padece el sistema político mexicano. ¿En qué medida la justicia tiene una fecha de caducidad para Jorge Ramos? ¿Qué porcentajes de interés público determinan su dieta informativa? ¿Cuáles son las noticias con menos calorías y más proteínas para la nutrición del anchor de Univisión? Tal vez las encuestas o los ratings provean una respuesta pues, como Jorge mismo señalara en relación a los entonces candidatos a la presidencia de México, él se concentra “en el puntero”.

Podríamos decir también, en la punta del iceberg y de ser así, ¿qué pasa con el fondo? En todo caso, lo cierto es que en un mundo gobernado por la imagen, la forma tiende a predominar significativamente.

Revisemos otros datos, por ejemplo en 2014 y frente a Bill O’Reilly de la cadena Fox, donde Ramos le critica su disímil tratamiento de los presidentes George W. Bush y Barack Obama: “I’ve seen your show lately, doing my homework. You’ve destroyed President Barack Obama. In almost every single show, you criticize President Barack Obama and you didn’t do the same with President George W. Bush”. En respuesta, O’Reilly no sólo disiente sino que afirma haberle planteado a George Bush: “the hardest questions I could give him.” [las preguntas mas fuertes que pude].¿Qué significa esto último? ¿Las preguntas más fuertes según los límites impuestos por la cadena Fox? ¿Según los propios intereses políticos o sentido común?

Pero Jorge Ramos, como veíamos, no sólo trató de manera distinta a tres presidentes de México sino que, en los Estados Unidos, él mismo admitió su “equivocación” frente a George Bush. Bueno claro, en su opinión, sus equivocaciones se presentan como los errores de todos los periodistas: “Primero la disculpa: los periodistas nos equivocamos terriblemente en la guerra de Estados Unidos contra Irak. Dejamos que el presidente George W. Bush se inventara unas armas de destrucción masiva que nunca aparecieron”. El punto es que muchos periodistas en los Estados Unidos y en el mundo, sí advirtieron el particular y se atrevieron a cuestionarlo. Jorge es un gran polemista, sabe ganar batallas editoriales pero esas “equivocaciones” ponen en evidencia a un periodismo que le otorga mayor peso a la superficie que al fondo. Y es que justamente ahí, en la punta del iceberg, están los ratings; la atención de las mayorías.

Otro caso sintomático se presenta con el senador de la Florida, Marco Rubio. En 2012, durante su noticiario Al Punto, Jorge Ramos le pregunta al también aspirante a la presidencia de los Estados Unidos sobre si los periodistas y los votantes “no tienen derecho a saber” qué tipo de relación tenía con alguien relacionado al narcotráfico — es decir, su cuñado Orlando Sicilia, sentenciado a 25 años de prisión. Sin embargo y como lo afirma el propio senador, no sólo se trata de algo que es “récord público” y de lo cual, él mismo llegaría tratar en su libro, sino que el punto original de la entrevista recaía en el modo en que la cadena Univisión, antes que buscarlo a él como sujeto de interés público, recurrió a su hermana y a su familia para interrogar sobre dichos nexos.

Se trata de un tema de virtual acoso por parte de la cadena Univisión pero que someramente recibe una explicación por parte de Jorge Ramos. Asimismo y en abril de este año, Jorge cuestiona al mismo senador sobre distintos temas —la posibilidad de una reforma migratoria integral, las relaciones de Estados Unidos con Cuba, el matrimonio entre personas del mismo sexo—, pero sin profundizar. Antes bien, lo que se busca es contrastar la imagen del senador frente a los temas de mayor interés según las encuestas.

Lo que todo ello pone en evidencia es el trabajo de un vocero de las mayorías, de los intereses político-económicos de una cadena informativa y sin duda, también, de la imagen de los Estados Unidos como el “país de la libertad” frente al resto de Latinoamérica.

Jorge fue ese joven de clase media alta que vendió su “vochito rojo” y abandonó México, como muchos otros, en busca de mejores posibilidades profesionales —el tema de la censura y la libertad de expresión en realidad son otra cosa. Desde entonces, Jorge Ramos ha podido alcanzar la cresta de las descomunales olas del poder informativo en Norteamérica. Frente a su indiscutible éxito como vocero del “interés popular”, se destaca la falta de un periodismo de fondo y verdaderamente incómodo; un periodismo menos comercial, más equitativo y que no simplemente “despeine al poder” sino que lo analice en sus múltiples aristas y hasta las últimas consecuencias.

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