Ocaso Carmesí

Republican presidential candidate Donald Trump speaks to supporters as he takes the stage for a campaign event in Dallas, Monday, Sept. 14, 2015. (AP Photo/LM Otero)

Republican presidential candidate Donald Trump speaks to supporters as he takes the stage for a campaign event in Dallas, Monday, Sept. 14, 2015. (AP Photo/LM Otero)

SabaziosConforme avanzaba la tarde del pasado martes 8 de noviembre, el ocaso teñía de rojo el país de las barras y las estrellas. La victoria total del Partido Republicano y su candidato a la presidencia, Donald Trump, desmentía a los más escépticos y optimistas que creían que la potencia mundial no podría sucumbir a las mieles del neopopulismo.

El multimillonario utilizó a lo largo de su campaña, un discurso radical nacionalista que, aunque suene exagerado, resulta una versión atenuada del Nacional Socialismo Alemán. Aquellos, en efecto, eran otros tiempos y sin embargo, la antigua Alemania pareció resistirse mucho más a la naturaleza extremista del discurso Nazi que lo que los norteamericanos sucumbieron al discurso de Trump. Y eso que no existe el referente de una Gran Guerra como aquella que arrasó con la economía y la unidad de la nación alemana.

Para no caer en simplificaciones aberrantes que nada aportan al actual escenario, lo cierto es que los Estados Unidos encuentran en Donald Trump al más crudo reflejo de sí mismos. Un país crecido sobre las ideas protestantes de un “destino manifiesto” y su conocida sentencia: “América para los Americanos”. Un país conservador y profundamente racista; ese mismo que vivió una segregación racial hasta la década de los años ochenta del siglo XX. Pero además, un país de mentalidad tácitamente imperialista. Un país de conquistadores donde las ideas liberales francesas desembocaron en un consumo depredador a escala global. Esas mismas ideas sembraron una democracia fundada en el individualismo del consumo, donde la mercadotecnia pudo vencer a la propaganda totalitaria y los populismo de izquierda.

La generación de riqueza necesaria para nutrir dicho consumo, demandó a su vez de una esfera militar poderosa. En ese sentido, los Estados Unidos significan la más radical expresión de los ideales liberales y el pensamiento de la técnica liga a la idea del progreso en Occidente. Se trata de una política expansionista de magnitudes industriales y tan fascinante que ha sido capaz de atentar contra la diversidad global. Como un simple ejemplo de ello, el pasado 8 de noviembre una buena parte de los votantes de Trump fueron latinos e hijos de inmigrantes que, de alguna manera, han dejado atrás su diferencia específica.

Donald Tump tuvo razón todo el tiempo: su pecado es ser “políticamente incorrecto”. En una estrecha semejanza con el ya mencionado Nacional Socialismo Alemán, su principal virtud fue haber dicho lo que el mercado electoral había querido escuchar todo el tiempo; decirlo simple y directamente, emotivamente, justo para un público acostumbrado a la grandeza en todo sentido. Y como parte de esta trama, se encuentra un maniqueísmo que culpa a los “extranjeros” de los excesos que el propio país ha fomentado a lo largo de su historia.

Donald Trump ha liberado al verdadero espíritu de Norteamérica y que anteriores presidentes trataron de contener. Trump ha despertado a un dragón dormido; una bestia que ahora deberá domesticar o ser devorado por ella.

Comments are closed.