Trump y México

U.S. Republican presidential nominee Donald Trump and Mexico's President Enrique Pena Nieto arrive for a press conference at the Los Pinos residence in Mexico City, Mexico, August 31, 2016. REUTERS/Henry Romero

U.S. Republican presidential nominee Donald Trump and Mexico’s President Enrique Pena Nieto arrive for a press conference at the Los Pinos residence in Mexico City, Mexico, August 31, 2016. REUTERS/Henry Romero

SabaziosA finales de agosto pasado, el presidente Enrique Peña Nieto invitó al entonces candidato a la presidencia de los Estados Unidos, el Republicano Donald Trump. Si bien luego de la visita se afirmó que también se había hecho la invitación a Hillary Clinton, lo cierto es que en su momento, la candidata Demócrata tácitamente tomó la visita como una intromisión del gobierno del México en los comicios de los Estados Unidos. Asimismo y según fuentes cercanas a nuestra red, la actual presencia del entonces Secretario de Hacienda y Crédito Público y hombre cercano a Peña Nieto, Luis Videgaray en Nueva York, sugieren otro escenario.

En lo que coinciden otras fuentes cercanas a Los Pinos, es que la iniciativa de Luis Videgaray a la que habría accedido Peña Nieto, tenía en cuenta una serie de datos que daban como el más probable ganador de los comicios al multimillonario estadounidense. En virtud de la postura radical del Republicano y los datos en cuestión, se habría asumido como importante, por no decir además “visionario” –como afirmara recientemente en su cuenta de Twitter el expresidente Vicente Fox–, invitar al entonces candidato para establecer oportunamente una base de negociación.

Lo anterior se refuerza si se tienen en cuenta las palabras con que el mismo presidente Peña se refirió a la visita del candidato Republicano, apenas unos días después, el pasado 7 de septiembre durante la entrega del Ecoparque Centenario Toma de Zacatecas: “llegará el momento en que se comprenda el por qué de cada decisión tomada”. En todo caso, la política no es un ejercicio de azar ni de ocurrencias y en perspectiva, la invitación a Hillary Clinton se aprecia como un intento por maquillar las intenciones de fondo.

Todo parece indicar que Peña Nieto, a partir de sus datos, dio por sentada la victoria de Donald Trump y con ella, la inminencia de tener que enfrentar una política radical en contra de México. En este sentido, la prospectiva habría sido exitosa. Las presuntas tendencias, habían estado en lo correcto, pero no así las medidas presidenciales. Peña Nieto no sólo carecía de una base real de negociación para enfrentar al ahora presidente de los Estados Unidos, sino que tácitamente dio la imagen de un país vulnerable y entreguista a los intereses de este país.

Si bien el punto clave recae en el contenido de la reunión, lo cierto es que Trump, no obstante ser políticamente “prudente” durante su visita, tácitamente reiteró su postura en contra de México: pagar al 100% el muro fronterizo. Como no se trate de sus propios negocios en suelo mexicano, es difícil que el ahora presidente de los Estados Unidos matice su postura. Generar un oleaje contrario a México y la inmigración ilegal de América Latina, le generó a Donal Trump una marea que lo llevó a la presidencia y que ha menester conservar. Pase lo que pase y sean o no viables sus medidas, Trump necesita un culpable, un pretexto en todo caso y este será México.

Por su parte, a este último no le queda sino resistir cuatro años de tensiones y que incluyen, un presidente Peña profundamente debilitado, un proceso electoral que seguramente será desgastante, honeroso, polémico y vigilado por los Estado Unidos; pero más aún, la presión fronteriza de un país que buscará a toda costa, supeditar a México a sus prioridades. Trump encuentra en México el mejor pretexto para concentrar la atención de los norteamericanos.

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