Comunicación Integral

mv_5

El desarrollo habrá de problematizar el origen mismo de las necesidades. Sólo de este modo, el desarrollo puede abrir posibilidades de vida.


Hay una evidente tensión entre el dinamismo de la diversidad y las tendencia centralizadora del poder. La homologación de procesos, de metas y objetivos, tienen por objeto asimilar a dicha diversidad, sometiéndola a la órbita del mercado. De este modo, el carácter funcional de las organizaciones enfrenta una disminución radical de sus posibilidades de vida. Una marca, por ejemplo, se “diversifica” ofreciendo distintas gamas del mismo producto en beneficio de la utilidad. En esencia, ello fomenta las mismas necesidades de consumo y de comportamiento, lo que deja incuestionada a la necesidad misma. En este sentido, el consumo mantiene en funcionamiento a toda una racionalidad y su sistema de dominio.

Abrir las posibilidades creativas, por lo tanto, insta a cuestionar las necesidades en su origen. Así por ejemplo, en fechas recientes se ha difundido toda una gama tecnológica alternativa a los hidrocarburos y que, no obstante su antigüedad (principios del siglo XX), los imperativos del mercado han hecho menoscabo de su difusión e implementación. Correlativamente el fomento a la investigación deriva de sus expectativas de rendimiento comercial y político. Hablamos entonces de un cáncer cuya metástasis global hace difícil que el problema ambiental pueda encontrar solución al mediano plazo y largo plazo, no obstante la emergencia climática.

Sucede que de facto, hay un aniquilamiento de la diversidad creativa. El desarrollo, radicalmente entendido, permanece a la saga frente a los imperativos centralizadores del poder político y económicos. Aun aquellos países que constituyen un ejemplo de educación, desarrollo y creatividad tecnológica a nivel global, tales como Islandia, Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca, su referente se encuentra eclipsado por los centros económicos globales.

Ante el resto del mundo, los “altos estándares” de vida, se fundan en un “estándar” educativo y cultural menos desarrollado. El aspecto más radical de este escenario, lo representa la aniquilación progresiva de la diversidad cultural y étnica. Así entonces, la economía de los Estados Unidos, al convertirse en un referente o “modelo” de desarrollo, hace que su visión y sus intereses derivados impacten la globalización.

Frente a ello, el desarrollo no sólo ha de concebirse a una escala efectivamente global, es decir, diversa, sino que debe agrupar comunidades afines e ir al origen de las necesidades mismas para abrir las posibilidades de vida. Y lo mismo aplica para todo tipo de estándar: educativo, político, social, productivo, de negocios, etc. Si bien el estándar, la homologación, participa brindando estabilidad a nuestros sistemas, al mismo tiempo, remite estos sistemas a sus propios límites hasta asfixiarlos.

Hablar del potencial ilimitado de nuestras instituciones y personas no tiene sentido, a menos que se confronten estos límites. Frente al estándar de la educación, por ejemplo, se hace imperativo la atención al individuo, ofreciendo salidas no adaptativas al potencial creativo de los jóvenes. Correlativamente, se requiere un fomento de entidades públicas o privadas tendientes a fomentar dicho en potencial en la investigación y la generación soluciones. Afirmando la diferencia específica antes que sofocándola o “encauzándola” en una dirección, se abren efectivamente las posibilidades de vida a escala global.

SOLICITUD DE SERVICIOS E INFORMACIÓN