Erotic Witchcraft & Black Arts

 

El erotismo como vida y la vida como arte: la creación misma de historia. Somos una historia múltiple y cambiante, siempre la misma pero siempre distinta. Así lo descubren el paso del falo que hiere al corazón o los clavos al caer sobre la cruz. El erotismo es la crucifixión de la carne, la afirmación de los límites, de la temporalidad. Por consiguiente, se trata de un padecer pero también de un éxtasis. Comer y beber son un placer pero también son muerte y en su conjunto, resultan los símbolos tardíos de una práctica ancestral donde se comulga con la vida misma; pulso que conduce a los fluidos por el cuerpo, a la lava ígnea y también a la tinta que corre por el papel. Asimismo al cincel que hiere a la piedra, a las manos que mecen los cabellos, a la lengua que envuelve los senos. Al pene y a la vagina que entronizan el nido del pubis. Si hemos de ofrecer alguna imagen a esa actividad intempestiva, la más propia es la del círculo. La equidistancia geométrica descubre a cada cosa como la manifestación diferencial de un único centro y a dicha manifestación, la denominamos “tiempo”.

Así entonces, las venas arden por el acontecer de un centro que somete al placer y al dolor. Se trata de una sola y misma vida que se devora a sí misma y por lo tanto, el nombre para referirnos a nuestra comunidad es, precisamente, el “círculo” y su símbolo recae en el cuerpo de la serpiente. Hay un único laberinto circular o vórtice abismal en el que todo se precipita hacia ese “centro”, sólo para resurgir de la más diversa manera. Así entonces, el arte, la creación, es destrucción. Todo lo que hacemos a diario manifiesta a ese núcleo como la acción de una misma vida que se devora a sí misma. No hay que pensarlo mucho para comprenderlo: si se quiere algo, sea lo que sea, no hay que tomarlo de alguien o de algo. Si quieres mantener tu vida, tienes que matar. La mesa cotidiana está llena de muerte. El hecho de que no se conozca lo que se aniquila, no quiere decir que no exista aniquilación. Antes bien, en ello consiste el engaño en que la sociedad actual nos ha sumergido. Decimos que nunca hemos lastimado a nadie, pero es falto. En realidad, todos los días matamos para comer y mantenernos con vida. En efecto, no ha sido Usted el asesino, pero otros lo han hecho por Usted y para Usted.

¿Quiere un empleo? Si lo obtiene es porque muchos otros no lo consiguieron. ¿Quiere pintar o escribir algo? Entonces tiene que matar. Se necesitan árboles y plantas para conseguir el papel y los pigmentos. Incluso, algo tan inofensivo como estar leyendo, requiere de energía y una serie de recursos que sólo se obtienen, explotando la fuente vital que nos sustenta. Así también, la poesía, como afirmara el poeta Hölderlin, resulta la más terrible e inocente de las faenas. El más terrible de los dones es el lenguaje. La Vida es una terrible aunque sublime actividad que lentamente nos consume; nos precipita hacia lo hondo, hacia lo oscuro.

Para nosotros, por lo tanto, no hay una apuesta por lo elevado, asilado y solitario de la esquizofrenia humana, sino una devoción por el coito profundo en que se reúnen lo alto y lo bajo, lo sagrado y lo profano; en una palabra, por ese núcleo abismal que es fuego siempre vivo. Somos la incandescente flama de ese ardor o movimiento circular cuyo arte consiste en “quemar”, en hacer arder. Como un círculo, nuestra vocación por lo oscuro significa un habitar en lo profundo, en las proximidades de lo oculto y que, por consiguiente, no es algo inferior. Como un círculo, nuestra respectiva distancia o mejor dicho, “diferencia”, se alza en resguardo de ese fuego central que une a todas las cosas.

Todos y cada uno, somos sendas que conducen al mismo lugar; ese cuyo nombre común es muerte pero que significa una misma Vida. De igual modo, los contenidos que aquí se exponen, resultan diferentes manifestaciones de lo mismo. Cada uno en consecuencia, trata de ensordecer, no de complacer; pretende mostrar el abismo incómodo de la presencia hueca, de la des-presencia. A todos aquellos que se han comunicado y preguntan por sitios de reunión, les daremos respuesta mediante las presentes páginas empero no aguarden una cálida invitación a participar. Cada uno es un templo y una religión. Así entonces, sólo celebramos la singularidad extrema de lo Otro. Agradecemos su interés y en la medida en que en su respectivo arte hable de su singularidad extrema, tendremos la oportunidad de conocernos mejor.

Salve, hijos de la Tierra profunda y silenciosa.