May 082012
 

Mis pulmones no reciben más el aire de tus besos. Allí donde mil nombres resuenan, ya no está el mío y sin embargo, tus labios aún laten allende el páramo desierto de mi piel; un pantano donde las caricias se ahogan y las sombras semejan figuras envejecidas sobre la pared de mi cueva. En torno queda el aroma de la humedad; un ardor extinto y que se extiende cual estentórea cadena de pretérito. Mientras tanto, otros vientos acicalan la siempre fresca yerba de tu pubis.

Dime, ¿por qué me depositaste en este lugar? No era mejor llevarme contigo, ¿devorarme?, ¿aspirarme como a esas ráfagas de viento? Tal vez aún podría tocarte, pero simplemente deseas alejarte del manantial luego de saciar tu sed. Tras de ti queda la presencia hueca, la des-presencia. Tu cauda es una estela de fragmentos, huesos y vísceras derramadas. Todo yace disperso, pero no queda rastro alguno. No queda ya Nada.

Poco a poco, otras aguas comienzan a derramarse sobre el altar de tus senos. Sin embargo, todas son un sacrificio que pronto rebalsará la pared de tu memoria. La asfixia, mi amor, es el sentido del sin-sentido; voces áfonas, sonidos átonos, puro anhelo y una aspiración sin resuello. Vana es el hambre que te horada el paladar. Aún sin que lo sepas, la espiral de tus vellos sólo buscará lo mismo en otra piel, empero nada, nada, saciará tu sed. Siempre serás un girasol que sigue una ruta invisible para él, en el cielo. ¿Quién pueda decir lo que se es en realidad? Tan sólo un devenir perdido, arrojado, tras el ominoso claro del caos.

Las entrañas que habrían de nombrarme habrán de detenerse algún día. Ya no habrá ardor, ni letras, ni el tibio suspiro que tantas e incontables noches se derrama por tu habitación. En su lugar, ese cuerpo tuyo alcanzará su cenit; devendrá cada vez más frío, un paraje donde las hojas caerán para reunirse a los pies del Sileno. Hay algo indecible que habita la  raíz de tu lengua. Dime, si aún puedes escucharme, ¿a cuántos más fecundará la tierra antes del ocaso? ¿A cuántos más acogerá tu vientre con su fuego? ¿Cuántas cenizas se irán por el viento? ¿Y esa, tu boca? ¡Sí, esa tumba! ¿A cuántos devorará luego de penetrarla? Mujer, ya no habrá más nada. A donde ahora voy, aguarda el dolor, la pena,  más y más vida…

…nadie puede escapar de ti como tampoco del laberinto.

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