Jun 172013
 

PentagramLa hechicería es una práctica, un modo de vida, al tiempo que una celebración. Específicamente para el círculo, la hechicería se divide en las denominadas artes negras u “oscuras” y el erotismo ritual. Ambas conjugan precisamente una forma de vida. Las primeras, se denominan “negras” en virtud de que se dirigen a lo in-aparente; es decir, antes que a la claridad de la forma, a lo que une a todas las formas. Se trata de un acto de creación basado en las sombras, en el silencio y en el vacío que llena todas las cosas. Con estos términos, nos referimos a un pasado grabado en ellas y que abre posibilidades por-venir, por-decir, por-vivir; que abre futuridad. Las cosas que vemos cotidianamente, son mucho más que una apariencia; se encuentran llenas de voces, de impulsos y que son, todos ellos,  creativas. Por ende, para el círculo no hay cielo, sólo una tierra profunda y silenciosa; una tierra oscura, mistérica y tan terrible como sublime. Desde esta profundidad todo retorna, sólo para volver indefinidamente. Todo se reúne para perderse, para separarse y manifestar a una misma fuerza que tiene por nombre “Eros”.

A partir de esto último, las artes oscuras se vinculan con el erotismo ritual. Este último constituye la base de nuestra comunidad. Eros es la fuerza de unidad que descubre como un “todo” a nuestra respectiva naturaleza. Por lo tanto, suele entenderse como un fuego que alimenta a todas las cosas. Las artes que emprendemos por lo tanto, extraen y devuelven ese ardor a la tierra profunda. A tales practicas las denominamos “orgía” y que deriva de la antigua palabra griega que significa “celebración”.

Nuestro encomio, por lo tanto, es de aquello que no es presente ni presencia sino ausencia y constante por-venir. Lo más fundamental consiste en el sentido de esa fuerza. No podemos, por ahora, ir más allá en la cuestión, pero podemos mostrarnos sugerentes al respecto. Algo semejante a los placeres que se comparten como pura posibilidad a través del fugaz contacto con una mirada. En ella, la vida arde con intensidad luminosa. Cotidianamente las personas creen poder conocerse e incluso, poseerse. En cambio, para el círculo, lo importante recae en erotizar y ser erotizado, lo que consiste, básicamente, en dejar ser, el soltar, en permitir el retiro y principalmente, en escuchar; aún al silencio numinoso y que amplifica los latidos cardiacos. ¿Qué sucede entonces? La respuesta es: dos entes que se unen de esta manera, establecen una relación íntima. Aún a la distancia, aún sin tocarse ni conocerse, las partes se están alimentando. Imagínese ahora que puede acercarse a alguien, luego de este primer contacto visual. No hay necesidad de preguntar un nombre; el ser de la persona no dice nada de ella. Simplemente se busca un contacto para luego dejarlo ir. Así de fugaz e incógnita es la vida, la más terrible y sublime amante. Una vida crea infinitas vidas, que a todos pertenece y a ninguno; simplemente una fantasía ensordecedora.

Estrechemos el contacto con una sonrisa, intimemos, pero no con el ánimo de consumar un acto de posesión sino con el único placer de liberar esa flama mutua. A veces la energía es tan poderosa que ni siquiera nos permite dormir. Nos insta a crear, nos entrega imágenes que perdurarán a lo largo de días sin que nos sea posible retirarlas de la mente. ¿Cuánto más esa imagen podrá seducir a alguien? ¿Cuánto más que esa persona puede alimentarnos? ¿Y si podemos inducir esa fuerza en ella? La clave recae en las imágenes en cuestión están vivas y palpitantes. Entramos al cauce turbulento del erotismo ritual y de las artes oscuras, pues lo que se excita es el vínculo que une, precisamente, a esa mirada con la tuya y es un hecho que nadie puede resistirse a ese dios; nuestro demonio.

En torno, todo es una hoguera pero nadie parece notarlo, ni se tiene la fuerza para dejarse arder. Antes bien, la mayoría yace firmemente encadenada a la necesidad y el compromiso social. A través de ello y de su moralidad inherente, se sofoca el impulso fundamental del erotismo. Frente a una sociedad anti-erótica, nuestra hechicería busca alimentar ese fuego. Por lo tanto y antes que alguien pueda acceder a la iniciación personal o colectiva, habrá de desarrollarse por la senda de la hechicería y lejos de la mundanalidad. Efectivamente, se trata de una pérdida de “sentido común”, una caída de lazos, de referentes de identidad colectiva. No se trata de un simple modelo más de aprendizaje y una práctica, sino un modo de vida que nos obliga a re-nacer.

En lo que hace a esta breve introducción, hay muchas diferentes modalidades de artes oscuras pero todas ellas se identifican con nuestro postulado básico:

Responsabilidad para el responsable.

Amor para el que te ame.

La traición se paga con sangre.

Jun 172013
 

El “erotismo ritual”, en principio y como su nombre lo indica, refiere un culto al antiguo Eros. Sin embargo y para la mayoría, este punto podría significar varias cosas: una suerte de esfuerzo reconstruccionista; un anacronismo pagano e incluso, un pretexto para llevar a cabo orgías a la luz de la luna. Para estos últimos, somos un ejemplo de la depravación y un culto satánico. No obstante y frente a ambos extremos, lo fundamental recae en la recepción que hacemos del dios y con ello, del erotismo en su conjunto. Respecto al satanismo, la opinión no es descartable pero requiere de ciertas precisiones. En primer lugar, el epíteto puede desecharse si con ello se pretende afirmar que se trata del culto a una suerte de “diablo” o “dios del mal”, como sea que se le llame. No obstante, en segundo lugar, si con “satánico” se hace referencia a un culto anti-cristiano en sentido amplio, entonces empatamos perfectamente con la expresión.

Mas allá de etiquetas superficiales, lo verdaderamente relevante recae en el sentido de Eros y por su puesto, en el sentido de lo divino que  supone. Al respecto, la mayoría piensa en un niño alado que lanza dardos y produce el enamoramiento; tal vez, incluso, algunos se imaginen una especie de ritual para el amor. Nada de eso tiene que ver con nosotros. Para alcanzar a entrever nuestra experiencia de lo divino, hemos de remontarnos hasta Hesíodo, quien habla de dos Eros: un Eros propiamente “cósmico” y un Eros hijo de Afrodita. Asimismo, Platón expondrá en amplitud lo relativo a de dos tipos de Eros: uno Ouranio y otro denominado Pandemos. Ambos en realidad conjugan la manifestación diferencial de una única fuerza que mantiene unidas a todas las cosas.

¿Qué es Eros y por lo tanto, el erotismo a que hacemos referencia? En la cultura griega la dimensión cósmica de Eros nos remite desde Hesíodo a las obras de Empédocles y de Parménides, hasta alcanzar los ya citados diálogos de Platón y los tratados de Aristóteles. Específicamente en el platonismo, Eros se presenta como el filósofo en grado sumo pero también, en tanto daímon, como el “mediador” y de esta manera, como una actividad fundamental: “…en todos los hombres sin distinción, Eros es la fuerza que anima sin cesar todas sus acciones”, se menciona. Esto último, aunado a la distinción platónica entre diferentes tipos de Eros, refuerza nuestro principio elemental: lo que este dios nos revela es el sentido de una falta, de una carencia a la base de todas las cosas que surgen y desaparecen.

En este sentido, Eros resulta el impulso que domeña todos nuestros miembros e impele a nutrir esa falta; en otras palabras, impulsa a la creación constante de apariencia. Antes que un énfasis en lo humano, Eros enfatiza a la actividad vital misma y con ello, a una suerte de eterno retorno que descubre a la vida y a la muerte como dos rostros de lo mismo; un mismo hilo o camino; una sola tensión (Dionysos) que se expresa diferencialmente y que, en tanto existencia, da lugar a la más pura necesidad de fundamento que constantemente afirma nuestro origen in-fundado.

Obvio es que lo todo anterior resulta una aproximación preliminar e imprecisa sobre aquello que nos identifica como culto. Demandamos, por lo tanto, profundizar por cuenta propia y ahondar en ese pulso hirviente que lleva a la sangre por el cuerpo. El círculo demanda ahondar en el fuego de Eros y arder plenamente. Para aquellos que tengan mayor interés, en estas páginas encontrarán un espacio de contacto.

Jun 142013
 

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Vamos dulce niña, date la vuelta y que me arrastre el caudal de tu cabello oscuro. Yo soy ese, tu aliento. Soy la palabra de tus labios de fuego; víctima de tu lengua que flirtea, semejante a tu cuerpo desnudo. Anda vamos, oprime. ¡Hazlo fuerte! Soy un fruto que no puede más que contemplarte y está por amanecer.

Querida, ¿por qué no puedo ser la cortina que ahora te abraza desde la ventana? No saltes por favor. Anda, mejor ven y cierra tus ojos. Revive conmigo las caricias del satín. Anda ven, entra en la tina conmigo. Quiero inundar tu vientre y que sea el agua nuestro único testigo. ¡No deseo que mueras, mi amor! Por favor, date la vuelta y permíteme soñar con tus venas otra vez; con ese, su murmullo. Mi amor, ¿no ves que si mueres yo me quedaré aquí, encerrado en esto en que me has convertido? Soy una tumba de lenta agonía que sólo respira por el eco de tus arterias. Por favor pequeña, ¡hazlo ahora! ¡Ven, por favor! Si tú mueres antes de repetir mi nombre, no quedará rastro alguno de mí sobre la calle, tan sólo un intenso orgasmo carmesí que pintará las paredes con sombras.

Niña mía, si me anhelas, repite mi nombre. Anda dilo una vez más, permíteme recordarlo. Arrójame, anda. ¡Hazlo! Si estas lista para morir, entonces libérame o átame por siempre a tu boca. Si haces como te he dicho, si me nombras, tu morirás y yo desapareceré en el caudal de la vida corriente; lejos de la tumba de tus piernas. Tú morirás y yo viviré como una mancha de olvido. Anda, tal vez aún puedas escucharme. Por favor, mira, te contaré sobre la araña; esa que conocí cuando era un insecto mortal. Todo es tan nítido ahora, que podría revivirlo eternamente. Anda preciosa, una historia más, te lo suplico. Te lo diré todo y así vivirás de nuevo, de la misma manera en que todo comenzó…

–Símbolos–

Símbolos de placer.
Símbolos de deseo.
Tus piernas y tu piel
en puño de hierro.

Flama ardiente.
Lengua inquieta.

Cera calcárea
de cabellos carmesí.

Un recuerdo que enmudece
luego de ser obstruido
por la fina telaraña unida al poste.

Botas negras hasta la rodilla;
calado negro a mi costado;
promesa del necesario alivio para mis labios.

En un instante, anhele probarlo con mi lengua
y que ésta danzara en torno a tus pezones.

Hilo tras hilo de uñas negras
cual agujas que bordan al azar.

Víctima de las sombras;
cielo azul ensombrecido
y un extraño frío.

La pierna descendió lo suficiente
para darme acceso.

Tomé ese muslo firme
y las manos hicieron el resto

Luego de penetrarte, devino la oscuridad de tu nombre unido al mío;
el olvido y la búsqueda de tu aroma, de tu sexo, noche tras noche.

He de alimentarme ahora de cada cuerpo;
huelo el viento.

Sé que has puesto tu telaraña
en otro lugar.

Sé que ahora,
más como yo buscan su nombre unido al tuyo.

Allende las sombras sin dormir;
presas de tu calado, cual etéreas nubes de humo.

¡Sólo anhelo! Sólo Eros, niña mía.

Sólo Eros…

Jun 142013
 

Oscuridad…, es a ti a quien escribo,
quien bebe el tiempo de mi sangre;
sombra de oscuros cabellos: te deseo.

Aliméntate sepultura, negra tumba.
Dulces entrañas hay para excitarte
que ya no pueden abrir sus ojos al sol.

Tal vez la salvia de tu boca se resista,
pero no así tu hambre.

¿Mi juventud? Nada, todo se pierde, decae,
cuando los nombres se funden en nuestras bocas.

Por ende, no quiero saber nada de ti.
Te deseo silenciosa, incógnita, plena.

No quiero saber nada,
sólo sentir tu deseo.

Que hablen nuestros cuerpos.
Que hable Eros.
Comulguemos…