Jun 172013
 

El “erotismo ritual”, en principio y como su nombre lo indica, refiere un culto al antiguo Eros. Sin embargo y para la mayoría, este punto podría significar varias cosas: una suerte de esfuerzo reconstruccionista; un anacronismo pagano e incluso, un pretexto para llevar a cabo orgías a la luz de la luna. Para estos últimos, somos un ejemplo de la depravación y un culto satánico. No obstante y frente a ambos extremos, lo fundamental recae en la recepción que hacemos del dios y con ello, del erotismo en su conjunto. Respecto al satanismo, la opinión no es descartable pero requiere de ciertas precisiones. En primer lugar, el epíteto puede desecharse si con ello se pretende afirmar que se trata del culto a una suerte de “diablo” o “dios del mal”, como sea que se le llame. No obstante, en segundo lugar, si con “satánico” se hace referencia a un culto anti-cristiano en sentido amplio, entonces empatamos perfectamente con la expresión.

Mas allá de etiquetas superficiales, lo verdaderamente relevante recae en el sentido de Eros y por su puesto, en el sentido de lo divino que  supone. Al respecto, la mayoría piensa en un niño alado que lanza dardos y produce el enamoramiento; tal vez, incluso, algunos se imaginen una especie de ritual para el amor. Nada de eso tiene que ver con nosotros. Para alcanzar a entrever nuestra experiencia de lo divino, hemos de remontarnos hasta Hesíodo, quien habla de dos Eros: un Eros propiamente “cósmico” y un Eros hijo de Afrodita. Asimismo, Platón expondrá en amplitud lo relativo a de dos tipos de Eros: uno Ouranio y otro denominado Pandemos. Ambos en realidad conjugan la manifestación diferencial de una única fuerza que mantiene unidas a todas las cosas.

¿Qué es Eros y por lo tanto, el erotismo a que hacemos referencia? En la cultura griega la dimensión cósmica de Eros nos remite desde Hesíodo a las obras de Empédocles y de Parménides, hasta alcanzar los ya citados diálogos de Platón y los tratados de Aristóteles. Específicamente en el platonismo, Eros se presenta como el filósofo en grado sumo pero también, en tanto daímon, como el “mediador” y de esta manera, como una actividad fundamental: “…en todos los hombres sin distinción, Eros es la fuerza que anima sin cesar todas sus acciones”, se menciona. Esto último, aunado a la distinción platónica entre diferentes tipos de Eros, refuerza nuestro principio elemental: lo que este dios nos revela es el sentido de una falta, de una carencia a la base de todas las cosas que surgen y desaparecen.

En este sentido, Eros resulta el impulso que domeña todos nuestros miembros e impele a nutrir esa falta; en otras palabras, impulsa a la creación constante de apariencia. Antes que un énfasis en lo humano, Eros enfatiza a la actividad vital misma y con ello, a una suerte de eterno retorno que descubre a la vida y a la muerte como dos rostros de lo mismo; un mismo hilo o camino; una sola tensión (Dionysos) que se expresa diferencialmente y que, en tanto existencia, da lugar a la más pura necesidad de fundamento que constantemente afirma nuestro origen in-fundado.

Obvio es que lo todo anterior resulta una aproximación preliminar e imprecisa sobre aquello que nos identifica como culto. Demandamos, por lo tanto, profundizar por cuenta propia y ahondar en ese pulso hirviente que lleva a la sangre por el cuerpo. El círculo demanda ahondar en el fuego de Eros y arder plenamente. Para aquellos que tengan mayor interés, en estas páginas encontrarán un espacio de contacto.

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