Jun 182016
 

PentagramEn los ritos de ungüento y unción, restringidos a los miembros del círculo, las hierbas se utilizan con diferentes propósitos y son preparadas y suministradas con precisión. En la antigüedad era bien sabido que el pharmakos, la medicina en general, provista por las plantas y por las hierbas, es también un veneno. Todo depende del propósito de quien lo suministra y con ello, de la dosis, tanto como las propias características de la persona que lo recibe. Así entonces, aún antes del rito, hay una variedad de preparaciones que influyen en el resultado: las plantas y las hierbas pueden ser molidas y puesta en una cacerola con grasa o aceite de oliva y después de cuatro o cinco horas, el contenido puede ser exprimido a través de una bolsa de lino, para separar el aceite o la grasa de la materia vegetal; o bien, las mismas pueden ser secadas y llevadas en una pequeña bolsa o sachet, ingeridas completamente o en partes e incluso, ser convertidas en té, en pomada o ungüento.

En el caso del círculo, se busca en todo momento que el ritual enfatice las propiedades de las hierbas y se prefiere, su uso directo en el consultante con propósitos terapéuticos. La aplicación en terceros no está proscrita sino sujeta a ciertas condiciones. Nuevamente, asalta el tema de la responsabilidad. En la vida cotidiana, las personas ponen demasiado énfasis en la medicina antes que en la propia constitución y la relación que a diario se establece con el entorno. Ambos aspectos, en cambio, resultan de central importancia para el círculo.

Si lo que se quiere es atender una bronquitis o una indigestión, no hay en el fondo una gran diferencia si se aplica medicina convencional o se prefiere la técnica herbolaria provista por cualquier clínica especializada. El uso ritual, en cambio, es más amplio y tiende a establecer una relación íntima con la vida. Hay contacto y una relación entre esa planta y el propio cuerpo; es un sacrificio para el cuerpo y éste, debe retribuir esa vida con su propia obra o acción. En la presente cultura se cree que puede hacerse lo que se quiera y la medicina puede repara el cuerpo como si se tratara de una máquina. Aunado a ello, se cree que los efectos de los fármacos se disipan sin secuela. Ambas cosas no son ciertas. Las consecuencias de nuestros actos se propagan hasta alcanzar un límite y las acciones que quieran emprenderse sobre otros, también tienen un costo. Este último involucra al propio individuo que los realiza y como bien sabemos todos los que realizamos ciertas prácticas, el costo es en extremo alto.

La fuerza vital y curativa que corre por la planta, fluye también por nosotros y es fuente de la “magia”. Podemos tratar de forzar el curso de los acontecimientos en una dirección o en otra, pero no podremos con el cauce natural del río. La hechicería, a partir de sus límites, establece una relación en particular con el entorno y que descubre al individuo como una totalidad. Las hierbas y las plantas no son un simple recurso sino la vida misma que circula a través de cada uno. En conclusión, en el límite la hechicería encuentra una relación fundamental y es, esta última, la que más nos interesa. La práctica ritual enlaza a plantas, hierbas, animales y personas, como una misma fuerza vital. Como una manifestación de ella, el acto ritual por excelencia no es otro que el sacrificio.

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