Nov 112016
 

This 2014 photo provided by The Satanic Temple shows a bronze Baphomet, which depicts Satan as a goat-headed figure surrounded by two children. The Satanic Temple, a group advocating the separation of church and state, is considering proposing that the statue be placed outside the Arkansas Statehouse after their first choice of the Oklahoma Capitol grounds was scuttled in 2015 by a state Supreme Court ruling barring all religious monuments. (The Satanic Temple via AP)

This 2014 photo provided by The Satanic Temple shows a bronze Baphomet, which depicts Satan as a goat-headed figure surrounded by two children. The Satanic Temple, a group advocating the separation of church and state, is considering proposing that the statue be placed outside the Arkansas Statehouse after their first choice of the Oklahoma Capitol grounds was scuttled in 2015 by a state Supreme Court ruling barring all religious monuments. (The Satanic Temple via AP)

PentagramPocas cosas hay que deteste más en un mundo masculino que las mujeres hechas a imagen y semejanza del hombre. Me refiero a las feministas y todas aquellas que reclaman una “igualdad de género”, cuando precisamente lo que deseo afirmar es mi diferencia como mujer. En el mundo no hay igualdad, sino diversidad, por lo que la apuesta debería consistir en diseñar un mundo donde la presencia de la mujer con sus ritmos, formas y sentidos, construya nuevos modos de vida. Nada es más diferentes a pedirle a los hombres que nos brinden  una condición de igualdad dentro de su mundo; diseñado a su conveniencia, bajo sus normas y sus muy respectivos modos y esquemas de dominación.

No soy un hombre, soy una mujer y de hecho, una bruja, lo que hace que la cacería contra mi especie resulte todavía más poderosa. A esta cacería se unen todas esas mujeres nacidas bajo el signo de una religión masculina que las tilda como “las condenadas a parir con dolor”. Desde muy niña, mi mente no podía conciliar la palabra mujer con la palabra cristianismo. Y precisamente el hecho de que ahora, esa religión se haya dividido en incontables sectas y modos de interpretación, demuestra su carácter histórico-humano, no revelado, sino construido al capricho de un emperador romano (Constantino).

La brujería, con todas sus variantes, siempre fue para mi, la verdadera guardiana de la ética, la filosofía y en general, el sentido feminista de la vida. En la brujería, la sociedad no se construye sobre un principio masculino o femenino, sino sobre una dualidad donde la mujer resguarda el misterio sagrado. Nuestro cuerpo es justamente la cuna del misterio y el acto de parir se concibe como lo más divino. Así entonces, hay un entero valor de la vida que aguarda tras las sombras de las religiones paganas fundadas sobre aquello que denominamos simplemente como “brujería”.

Podemos apreciar un atisbo de lo anterior, si someramente nos fijamos en la figura de Baphomet. Dicha figura resulta el núcleo de mis ideas, por lo que volveré a ella en repetidas ocasiones. Esa figura me refleja, incluso en mi bisexualidad. De hecho creo que de no haber la profunda represión sexual impuesta por el cristianismo, la bisexualidad sería mucho más cotidiana; más aún tendríamos una diversidad sexual donde podríamos convivir de las formas más inimaginadas y placenteras, bisexuales, homosexuales y sólo quizá, la minoría serían los preferentemente heterosexuales. ¿Cuántos roles podrían derivarse de toda esta mixtura?

En fin, más allá de las fantasías, la figura de Baphomet me habla de mi contraparte masculina y animal; de que lo mismo soy un hombre y un animal. No puedo vivir sin ellos. Yo soy lo mismo que ellos y al mismo tiempo, completamente diferente, única y distinta, por lo que he de construir dicha singularidad sobre la base de una relación. La figura me habla de que no he de buscar ninguna “otra mitad” o “media naranja”, sino de que soy un ser completo en mi mismo, en mi propia diferencia y al mismo tiempo, la dualidad que me constituye me insta a entrar en relación con los otros como el sentido de una falta. En breve, soy un ser completo, pero no por ello pleno, autónomo y autosuficiente. Esto último sólo se alcanza en relación con la totalidad: con otras mujeres, con el hombre y con el conjunto de la vida que me rodea que es gobernada de semejante manera por la búsqueda.

Esa búsqueda señala el sentido de una falta pues soy una totalidad no total y esa búsqueda se llama Eros. Así entonces, no puede haber una búsqueda del amor, pues el amor es la búsqueda misma y que gobierna a todas las cosas; es un anhelo y de ahí, una falta incurable. En última instancia, se trata del sentido de que soy una totalidad siempre y eternamente diferente.

Save Dei Nostri Luciferi

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