Mantus Xeper

Aug 152015
 

PentagramLo Sagrado es un punto, un vórtice, una singularidad y sólo así puede indicársele; carente de rostro, de nombre, sin referente alguno. Lo Sagrado es el fondo “en” y desde el cual, ancla sus raíces la totalidad de lo que vemos. En sí mismo no es “algo” en particular, no es una cosa, sino radicalmente lo “no-cosa”, no-thing, nada. Dicho fondo, por lo tanto, deviene una suerte de falta, de ausencia, resulta lo en sí mismo in-nombrable y fundamentalmente in-discernible.

Lo Sagrado, por lo tanto, es el misterio propiamente dicho y su sentido remite a lo “lo divino” propiamente dicho; una suerte de impulso inherente a cada lugar, espacio, objeto o forma física y temporal. Lo divino es la fuerza emanada de ese fondo, haciendo que éste adquiera no uno, sino infinitos rostros, formas y nombres. No puede haber,  un Dios único, por lo tanto, ni existe alguna forma o lugar privilegiado. Desde la antigüedad a esa fuerza divina se la nombra vida y propiamente, Eros.

Eros, por lo tanto, nombra la fuerza divina vital misma y como sentido de ese fondo primordial. En concordancia, aquello que se nombra adivinación significa en realidad una comunicación; esto es, esencialmente, un “ponerse en común” con dicho fondo. La adivinación, en esta medida, es un acto creativo; un estar en comunión con lo sagrado. La adivinación no es el acto de pre-ver un destino, sino dar acceso a la creación misma de destino. Tal resulta la vocación del hechicero: devenir un ente creador. La misma fundamenta la hechicería erótica y en general, las “artes oscuras”.

Jun 172013
 

PentagramLa hechicería es una práctica, un modo de vida, al tiempo que una celebración. Específicamente para el círculo, la hechicería se divide en las denominadas artes negras u “oscuras” y el erotismo ritual. Ambas conjugan precisamente una forma de vida. Las primeras, se denominan “negras” en virtud de que se dirigen a lo in-aparente; es decir, antes que a la claridad de la forma, a lo que une a todas las formas. Se trata de un acto de creación basado en las sombras, en el silencio y en el vacío que llena todas las cosas. Con estos términos, nos referimos a un pasado grabado en ellas y que abre posibilidades por-venir, por-decir, por-vivir; que abre futuridad. Las cosas que vemos cotidianamente, son mucho más que una apariencia; se encuentran llenas de voces, de impulsos y que son, todos ellos,  creativas. Por ende, para el círculo no hay cielo, sólo una tierra profunda y silenciosa; una tierra oscura, mistérica y tan terrible como sublime. Desde esta profundidad todo retorna, sólo para volver indefinidamente. Todo se reúne para perderse, para separarse y manifestar a una misma fuerza que tiene por nombre “Eros”.

A partir de esto último, las artes oscuras se vinculan con el erotismo ritual. Este último constituye la base de nuestra comunidad. Eros es la fuerza de unidad que descubre como un “todo” a nuestra respectiva naturaleza. Por lo tanto, suele entenderse como un fuego que alimenta a todas las cosas. Las artes que emprendemos por lo tanto, extraen y devuelven ese ardor a la tierra profunda. A tales practicas las denominamos “orgía” y que deriva de la antigua palabra griega que significa “celebración”.

Nuestro encomio, por lo tanto, es de aquello que no es presente ni presencia sino ausencia y constante por-venir. Lo más fundamental consiste en el sentido de esa fuerza. No podemos, por ahora, ir más allá en la cuestión, pero podemos mostrarnos sugerentes al respecto. Algo semejante a los placeres que se comparten como pura posibilidad a través del fugaz contacto con una mirada. En ella, la vida arde con intensidad luminosa. Cotidianamente las personas creen poder conocerse e incluso, poseerse. En cambio, para el círculo, lo importante recae en erotizar y ser erotizado, lo que consiste, básicamente, en dejar ser, el soltar, en permitir el retiro y principalmente, en escuchar; aún al silencio numinoso y que amplifica los latidos cardiacos. ¿Qué sucede entonces? La respuesta es: dos entes que se unen de esta manera, establecen una relación íntima. Aún a la distancia, aún sin tocarse ni conocerse, las partes se están alimentando. Imagínese ahora que puede acercarse a alguien, luego de este primer contacto visual. No hay necesidad de preguntar un nombre; el ser de la persona no dice nada de ella. Simplemente se busca un contacto para luego dejarlo ir. Así de fugaz e incógnita es la vida, la más terrible y sublime amante. Una vida crea infinitas vidas, que a todos pertenece y a ninguno; simplemente una fantasía ensordecedora.

Estrechemos el contacto con una sonrisa, intimemos, pero no con el ánimo de consumar un acto de posesión sino con el único placer de liberar esa flama mutua. A veces la energía es tan poderosa que ni siquiera nos permite dormir. Nos insta a crear, nos entrega imágenes que perdurarán a lo largo de días sin que nos sea posible retirarlas de la mente. ¿Cuánto más esa imagen podrá seducir a alguien? ¿Cuánto más que esa persona puede alimentarnos? ¿Y si podemos inducir esa fuerza en ella? La clave recae en las imágenes en cuestión están vivas y palpitantes. Entramos al cauce turbulento del erotismo ritual y de las artes oscuras, pues lo que se excita es el vínculo que une, precisamente, a esa mirada con la tuya y es un hecho que nadie puede resistirse a ese dios; nuestro demonio.

En torno, todo es una hoguera pero nadie parece notarlo, ni se tiene la fuerza para dejarse arder. Antes bien, la mayoría yace firmemente encadenada a la necesidad y el compromiso social. A través de ello y de su moralidad inherente, se sofoca el impulso fundamental del erotismo. Frente a una sociedad anti-erótica, nuestra hechicería busca alimentar ese fuego. Por lo tanto y antes que alguien pueda acceder a la iniciación personal o colectiva, habrá de desarrollarse por la senda de la hechicería y lejos de la mundanalidad. Efectivamente, se trata de una pérdida de “sentido común”, una caída de lazos, de referentes de identidad colectiva. No se trata de un simple modelo más de aprendizaje y una práctica, sino un modo de vida que nos obliga a re-nacer.

En lo que hace a esta breve introducción, hay muchas diferentes modalidades de artes oscuras pero todas ellas se identifican con nuestro postulado básico:

Responsabilidad para el responsable.

Amor para el que te ame.

La traición se paga con sangre.

Jun 172013
 

El “erotismo ritual”, en principio y como su nombre lo indica, refiere un culto al antiguo Eros. Sin embargo y para la mayoría, este punto podría significar varias cosas: una suerte de esfuerzo reconstruccionista; un anacronismo pagano e incluso, un pretexto para llevar a cabo orgías a la luz de la luna. Para estos últimos, somos un ejemplo de la depravación y un culto satánico. No obstante y frente a ambos extremos, lo fundamental recae en la recepción que hacemos del dios y con ello, del erotismo en su conjunto. Respecto al satanismo, la opinión no es descartable pero requiere de ciertas precisiones. En primer lugar, el epíteto puede desecharse si con ello se pretende afirmar que se trata del culto a una suerte de “diablo” o “dios del mal”, como sea que se le llame. No obstante, en segundo lugar, si con “satánico” se hace referencia a un culto anti-cristiano en sentido amplio, entonces empatamos perfectamente con la expresión.

Mas allá de etiquetas superficiales, lo verdaderamente relevante recae en el sentido de Eros y por su puesto, en el sentido de lo divino que  supone. Al respecto, la mayoría piensa en un niño alado que lanza dardos y produce el enamoramiento; tal vez, incluso, algunos se imaginen una especie de ritual para el amor. Nada de eso tiene que ver con nosotros. Para alcanzar a entrever nuestra experiencia de lo divino, hemos de remontarnos hasta Hesíodo, quien habla de dos Eros: un Eros propiamente “cósmico” y un Eros hijo de Afrodita. Asimismo, Platón expondrá en amplitud lo relativo a de dos tipos de Eros: uno Ouranio y otro denominado Pandemos. Ambos en realidad conjugan la manifestación diferencial de una única fuerza que mantiene unidas a todas las cosas.

¿Qué es Eros y por lo tanto, el erotismo a que hacemos referencia? En la cultura griega la dimensión cósmica de Eros nos remite desde Hesíodo a las obras de Empédocles y de Parménides, hasta alcanzar los ya citados diálogos de Platón y los tratados de Aristóteles. Específicamente en el platonismo, Eros se presenta como el filósofo en grado sumo pero también, en tanto daímon, como el “mediador” y de esta manera, como una actividad fundamental: “…en todos los hombres sin distinción, Eros es la fuerza que anima sin cesar todas sus acciones”, se menciona. Esto último, aunado a la distinción platónica entre diferentes tipos de Eros, refuerza nuestro principio elemental: lo que este dios nos revela es el sentido de una falta, de una carencia a la base de todas las cosas que surgen y desaparecen.

En este sentido, Eros resulta el impulso que domeña todos nuestros miembros e impele a nutrir esa falta; en otras palabras, impulsa a la creación constante de apariencia. Antes que un énfasis en lo humano, Eros enfatiza a la actividad vital misma y con ello, a una suerte de eterno retorno que descubre a la vida y a la muerte como dos rostros de lo mismo; un mismo hilo o camino; una sola tensión (Dionysos) que se expresa diferencialmente y que, en tanto existencia, da lugar a la más pura necesidad de fundamento que constantemente afirma nuestro origen in-fundado.

Obvio es que lo todo anterior resulta una aproximación preliminar e imprecisa sobre aquello que nos identifica como culto. Demandamos, por lo tanto, profundizar por cuenta propia y ahondar en ese pulso hirviente que lleva a la sangre por el cuerpo. El círculo demanda ahondar en el fuego de Eros y arder plenamente. Para aquellos que tengan mayor interés, en estas páginas encontrarán un espacio de contacto.

Jun 142013
 

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Vamos dulce niña, date la vuelta y que me arrastre el caudal de tu cabello oscuro. Yo soy ese, tu aliento. Soy la palabra de tus labios de fuego; víctima de tu lengua que flirtea, semejante a tu cuerpo desnudo. Anda vamos, oprime. ¡Hazlo fuerte! Soy un fruto que no puede más que contemplarte y está por amanecer.

Querida, ¿por qué no puedo ser la cortina que ahora te abraza desde la ventana? No saltes por favor. Anda, mejor ven y cierra tus ojos. Revive conmigo las caricias del satín. Anda ven, entra en la tina conmigo. Quiero inundar tu vientre y que sea el agua nuestro único testigo. ¡No deseo que mueras, mi amor! Por favor, date la vuelta y permíteme soñar con tus venas otra vez; con ese, su murmullo. Mi amor, ¿no ves que si mueres yo me quedaré aquí, encerrado en esto en que me has convertido? Soy una tumba de lenta agonía que sólo respira por el eco de tus arterias. Por favor pequeña, ¡hazlo ahora! ¡Ven, por favor! Si tú mueres antes de repetir mi nombre, no quedará rastro alguno de mí sobre la calle, tan sólo un intenso orgasmo carmesí que pintará las paredes con sombras.

Niña mía, si me anhelas, repite mi nombre. Anda dilo una vez más, permíteme recordarlo. Arrójame, anda. ¡Hazlo! Si estas lista para morir, entonces libérame o átame por siempre a tu boca. Si haces como te he dicho, si me nombras, tu morirás y yo desapareceré en el caudal de la vida corriente; lejos de la tumba de tus piernas. Tú morirás y yo viviré como una mancha de olvido. Anda, tal vez aún puedas escucharme. Por favor, mira, te contaré sobre la araña; esa que conocí cuando era un insecto mortal. Todo es tan nítido ahora, que podría revivirlo eternamente. Anda preciosa, una historia más, te lo suplico. Te lo diré todo y así vivirás de nuevo, de la misma manera en que todo comenzó…

–Símbolos–

Símbolos de placer.
Símbolos de deseo.
Tus piernas y tu piel
en puño de hierro.

Flama ardiente.
Lengua inquieta.

Cera calcárea
de cabellos carmesí.

Un recuerdo que enmudece
luego de ser obstruido
por la fina telaraña unida al poste.

Botas negras hasta la rodilla;
calado negro a mi costado;
promesa del necesario alivio para mis labios.

En un instante, anhele probarlo con mi lengua
y que ésta danzara en torno a tus pezones.

Hilo tras hilo de uñas negras
cual agujas que bordan al azar.

Víctima de las sombras;
cielo azul ensombrecido
y un extraño frío.

La pierna descendió lo suficiente
para darme acceso.

Tomé ese muslo firme
y las manos hicieron el resto

Luego de penetrarte, devino la oscuridad de tu nombre unido al mío;
el olvido y la búsqueda de tu aroma, de tu sexo, noche tras noche.

He de alimentarme ahora de cada cuerpo;
huelo el viento.

Sé que has puesto tu telaraña
en otro lugar.

Sé que ahora,
más como yo buscan su nombre unido al tuyo.

Allende las sombras sin dormir;
presas de tu calado, cual etéreas nubes de humo.

¡Sólo anhelo! Sólo Eros, niña mía.

Sólo Eros…

Jun 142013
 

Oscuridad…, es a ti a quien escribo,
quien bebe el tiempo de mi sangre;
sombra de oscuros cabellos: te deseo.

Aliméntate sepultura, negra tumba.
Dulces entrañas hay para excitarte
que ya no pueden abrir sus ojos al sol.

Tal vez la salvia de tu boca se resista,
pero no así tu hambre.

¿Mi juventud? Nada, todo se pierde, decae,
cuando los nombres se funden en nuestras bocas.

Por ende, no quiero saber nada de ti.
Te deseo silenciosa, incógnita, plena.

No quiero saber nada,
sólo sentir tu deseo.

Que hablen nuestros cuerpos.
Que hable Eros.
Comulguemos…

May 082012
 

Mis pulmones no reciben más el aire de tus besos. Allí donde mil nombres resuenan, ya no está el mío y sin embargo, tus labios aún laten allende el páramo desierto de mi piel; un pantano donde las caricias se ahogan y las sombras semejan figuras envejecidas sobre la pared de mi cueva. En torno queda el aroma de la humedad; un ardor extinto y que se extiende cual estentórea cadena de pretérito. Mientras tanto, otros vientos acicalan la siempre fresca yerba de tu pubis.

Dime, ¿por qué me depositaste en este lugar? No era mejor llevarme contigo, ¿devorarme?, ¿aspirarme como a esas ráfagas de viento? Tal vez aún podría tocarte, pero simplemente deseas alejarte del manantial luego de saciar tu sed. Tras de ti queda la presencia hueca, la des-presencia. Tu cauda es una estela de fragmentos, huesos y vísceras derramadas. Todo yace disperso, pero no queda rastro alguno. No queda ya Nada.

Poco a poco, otras aguas comienzan a derramarse sobre el altar de tus senos. Sin embargo, todas son un sacrificio que pronto rebalsará la pared de tu memoria. La asfixia, mi amor, es el sentido del sin-sentido; voces áfonas, sonidos átonos, puro anhelo y una aspiración sin resuello. Vana es el hambre que te horada el paladar. Aún sin que lo sepas, la espiral de tus vellos sólo buscará lo mismo en otra piel, empero nada, nada, saciará tu sed. Siempre serás un girasol que sigue una ruta invisible para él, en el cielo. ¿Quién pueda decir lo que se es en realidad? Tan sólo un devenir perdido, arrojado, tras el ominoso claro del caos.

Las entrañas que habrían de nombrarme habrán de detenerse algún día. Ya no habrá ardor, ni letras, ni el tibio suspiro que tantas e incontables noches se derrama por tu habitación. En su lugar, ese cuerpo tuyo alcanzará su cenit; devendrá cada vez más frío, un paraje donde las hojas caerán para reunirse a los pies del Sileno. Hay algo indecible que habita la  raíz de tu lengua. Dime, si aún puedes escucharme, ¿a cuántos más fecundará la tierra antes del ocaso? ¿A cuántos más acogerá tu vientre con su fuego? ¿Cuántas cenizas se irán por el viento? ¿Y esa, tu boca? ¡Sí, esa tumba! ¿A cuántos devorará luego de penetrarla? Mujer, ya no habrá más nada. A donde ahora voy, aguarda el dolor, la pena,  más y más vida…

…nadie puede escapar de ti como tampoco del laberinto.

Aug 312011
 

Las tumbas lucen inquietas luego de abandonar el sueño. La mujer avanza, mientras los cabellos decaen entre la niebla para cubrir su rostro. De cada uno, siento desprender la fragancia de la tierra. Paso a paso, una piel blanca asoma discretamente. ¡Escúchame, mujer! La mujer se detuvo y sus ojos oscuros me estremecieron al instante. “Déjame probar de lo profundo devenido”, pronuncié. “Arrástrame sin promesa alguna de volver. Dame la negra luz de esos, tus ojos y que el vacío del cielo me lleve tras de ti. Ninfa de agua que arrastra mis venas bajo su corriente, abre tus piernas al menos una vez”.

Su sonrisa me entregó un cálido goce y desapareció. Ahora, cuando la tierra guarda silencio, pienso en ti. Cuando ya no hay más ninfas que corran por los bosques, te recuerdo. No hay sino carne estremecida. Sólo habita un silencio frío, carente de anhelo. Ahora, más que nunca, adoro tu profundidad. Lejos de ti, jamás volverá a nacer el nuevo día. No habrá hombre ni mujer que hagan arder la tierra con sus cuerpos y no obstante, algunos aún lo hacemos. Todavía hay quien corre libremente como el manantial o la lluvia; débiles riachuelos que corre por la espalda del tiempo.

Tierra, me siento libre como el manantial que se desliza dentro de ti; ansioso de tenderme por tus planicies, por tu valle, por tus cimas, hasta sentir la cúspide erecta de tus pezones silvestres; quiero descender y morderlos, en tanto el viento seduce nuestro frenesí. Estoy harto de camas y hoteles urbanos que sólo dan lugar a un Eros vulgar. Quiero retornar a la experiencia de la libertad del bosque; ahí, donde aún reina Dionysos.

¡A ti te quiero ménade! Te deseo hambrienta, frenética, distante del frío concreto. Te quiero amante, liberada del corsé de la maquinaria pesada. Te quiero una vez más; madre, amante y asesina. Anhelo la corona de las bacantes, devoradoras de hijos, criadoras de cachorros. Te anhelo ourania, como la flor del sol que al despuntar la aurora de rosados dedos, satura mis labios con un alarido. Quiero el chillido de los volcanes en cada uno de tus senos, que se levanten hasta fracturarse y desprender la lava de placer de la tierra virgen. Túmulos de ménades, túmulos de ninfas, cúmulos de sátiros hambrientos por el destino de las flores; todas de rubor fecundadas por el harto frío de la noche.

de este modo, cada campo de flores es una orgía constante y que ahora, sin embargo, pasa de largo a los ojos de la razón; miradas apesadumbradas, miembros entumecidos y cuerpos que se ocultan tras la vestimenta y los cosméticos; máscara tras máscara de un laberinto de razón supresora de instintos; temores in cressendo que sepultan aquelarres; millones de velas que se extinguen sin quemar nada.

Y tú, sin embargo, tu cuerpo, yace en pie; oculto tras el asfalto, el adoquín y el acero; tras los duros cimientos de los rascacielos; allende la incansable opresión civilizatoria, resultado casi irreversible del dominio del miedo.

Jan 232011
 

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Manos ígneas arrojan lava de deseo. Mi pene es la colina de Pompeya, de cuya entraña exhala Eros con la voz de mil Titanes enfurecidos. El cáliz que derrama hace arder la piel y sólo la piedra recuerda el paso que insemina a la Tierra; flujo que hace sucumbir todo aquello que toca; atmósfera tóxica, llena palabras destinales. Todo resulta propiedad del fatum. Nadie más puede alimentar ese fuego. Únicamente el humo se alza como aviso o advertencia de un volcán que espera soñando, añorando y que es temido por aquello mismo que desea… hambriento.

La costa, el cuerpo, aguarda a que los vapores de sulfuro se dispersen por el viento; signos de un pasado que arde en los pulmones. A veces quisiera ser como Krakatoa y no sobrevivir a mi propia erupción; en cambio, ahí permanezco solitario, frío, vacío empero siempre y a cada instante… hambriento.

La erupción más reciente se gestó en el otoño, por entre adoquín de las calles arboladas de una colonia cualquiera. Lentamente, allende los árboles, la oscuridad de la noche y palabra tras palabra semejantes al goteo de la lluvia; esa que termina por filtrarse a través de la ventana; un avance lento, seductor, una lengua que se traslada hasta el seno del pubis. Entonces las placas se agitaron y la presión se acumuló contra el vacío de la cámara magmática que algunos llaman corazón.

Caricia tras caricia, el verano sembró al invierno. A la postre nada volvería a ser igual. Todo quedaría destruido, incluso las tardes de paz que descienden a través de la avenida; las calles por las que discurre el pulso indiferente de centenares de vidas; los rostros comunes, las caricias fugaces, las pasiones, todo ardería como la leña en una sola hoguera, tras la primera noche de hotel.

La explosión dispuso de los restos por distintas direcciones. Todo quedaría destruido en una noche y sólo un mar de soledad magmática expuso la inanición más oscura; frío de invierno y sin embargo una flor, signo de mi doncella; de una naturaleza hambrienta que algún día volverá; signo de mi muerte, bajo el infinito torrente de mi propio semen.

Jan 232011
 

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Entre mis manos se oprime el nudo de tu garganta…

Envueltas en la seda negra de tu vestido, mis dedos oprimen hasta saciarse de tu cabello. No puedo pensar sino en ti, un deseo yaciente entre las sábanas. Tú eres la ofrenda a la que admiro desnudo, en tanto tú, aún vestida, reflejas el plenilunio a través de tu pecho. La luna se derrama del espejo de tu escote, descendente por la oquedad que devora las tinieblas de tu piel. No veo más que una bifurcación exaltada por el busto; senos que se elevan en un capullo, crecen y decaen al misterioso ritmo de tu respiración.

No temo perderme por la gruta de tu destino, más allá del misterioso sendero de la falda; alas de mariposa negra. Allí me espera el susurro de tu rosa húmeda, abierta por el rocío de tus fantasías. Todas llenan la atmósfera con la más voraces emociones; fragancias de lirio y de jacinto.

Las botas, esas que envuelven tus tobillos, penden por el aire, contagiándolo con el brillo ígneo de tus piernas de calado estrecho. Un palpitar, la firme presencia de tus muslos me estremece luego de penetrar con mi daga; siento tus guantes apretarse contra mi piel. Ahí también están las uñas, pero no pueden verlas, yacen cubiertas por el secreto de tu dedos amordazados, enterrados en una tumba tan negra como la oscuridad de tierra.

Apenas y siento la respiración que despide el cremoso labial de tu boca, justo cuando mi pene amenaza con estallar en astillas, fracturando tu interior; haciéndolo sangrar y así descender, gota a gota, por los escalones de tu templo.

No veo espacio, en ese balanceo difuso, para las manecillas del reloj. Yo soy ese, el segundero que se pasea entre las manecillas. ¡¿Hasta cuándo darán las doce?! ¡¿Hasta cuándo se cerrarán?! ¿Y cuánto más podré gozar ahí, entre la seda de tu cuerpo y las tinieblas de tu noche?

¿Hasta cuándo se cerrará tu cuello? ¡Dioses, no puedo contener el alarido! Tengo la necesidad de tenerte, de atraparte, de sujetarte con toda la fuerza que me invade. Más y más hondo mi pene te devora. Más y más hondo, mis dedos oprimen contra la yugular y el quejido crece…

…y el aliento de tu labial se apaga.

Como una mortaja, la oscuridad de tus párpados decae, cubre tus ojos. Los labios se abren, el cuello se estira, la nuca estremece contra las sábanas de satín. Algo quieres decir pero no hay nada, sólo el silencio que exhala el orgasmo de tus besos a través del viento y que fluye a través de la ventana.

Mi pene estalla y tus dedos descienden lento… has terminado también, lo sé, pero mis yemas te pierden poco a poco. La noche que se apaga en la madrugada nos hace metáfora. Yo quise retenerte, atraparte y sin embargo te esfumas. Yo como el día y tú como la noche…

…en nuestro lecho de madrugada.

 

Sep 172010
 

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Ascenso y descenso convergen en un punto-instante de fugaz de eternidad, allí donde todo nacer es muerte y donde todo lo pasado se encuentra en porvenir. Ese punto-instante de tensión conformadora, es mi cuerpo; un presente donde todo converge. Asimismo tu vagina, el clítoris o la semilla que descubre el aliento de la tierra. Al final de cuentas, se trata de un coito; el choque de mi mano contra tu mano; la lucha de mi corazón y el tuyo; Inanna y Dúmmuzi. Pasado y Por-venir como dos muslos o gotas de miel que se extienden hasta mi garganta, mordisco a mordisco, beso a beso que bebo como el mar de las aguas profundas de tu misterio. Sólo entonces, es posible crecer hasta el plenilunio.

¡Oh, Vida! Mi sagrada Vida o pretérita mujer de miel que endulzas mi futuro. A cada instante fugaz, mi cuerpo exuda tus muslos de primavera y tus pétalos de tibia oscuridad; esos que quisiera robar con mi lengua desde la casa del polvo. Quiero absorber lento tus espasmos y arrancar con mis dedos las hebras del liguero envejecido; telaraña que tiembla con el latir de mis dígitos.

El presente es puro anhelo. Anhelo chupar la vida de tus piernas, de mi pasado, extraerla de tu vagina, dejarme llevar por esa tumba bendita de la cual todo proviene, hasta desaparecer entre tu vagina; en mi futuro. Quiero sembrarme dentro de ti, para nacer de mil noches silvestres. Ya sólo anhelo abundar en tu saliva para alumbrar futuro de tus letras.

¡Vida! ¡Mi sagrada Vida! Cuánto deseara clavar las uñas en tu carne perdida. Tan sólo un beso tibio de tu clítorisque insemine el instante, el presente, la presencia, este punto o tensión continua; mi cuerpo, una semilla o gota de miel. Necesito de tus aguas para nutrirme. Necesito de tu sudor, de tu humedad, necesito besarla con mi punta, antes de sumergirme en tus secretos; vaivén que recuerda la cuna y el descenso a la tumba.

¡Vida! ¡Mi Sagrada Vida! Succióname fuerte, apriétame como una flama. Viérteme en la oscuridad de tu cuerpo y entonces hierve… ábrete de nuevo; fugaz como un parto o una tumba; fugaz como un orgasmo, como un segundo, como el presente o eterno pasado que adviene.

Eterno como tu beso íntimo de abismo; incandescente tu vulva, mi secreto…,

…tus labios.

Un beso, un eterno segundo eterno.